«Que no cunda el pánico», se decía hace algunas semanas en el vestuario del Barcelona. Y lo que parecía una exageración de la prensa deportiva, hoy se viene a concretar como verdad: el Barcelona se encuentra segundo detrás del Real Madrid en la Liga española.
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Esto no ocurría desde la mitad de la Liga, cuando el Real Madrid logró aventajar por un punto a los blaugranas. Pero eso era distinto. El campeonato no había tomado ritmo y las piezas no estaban desgastadas.
El primero en preverlo fue el siempre confiable Pep Guardiola, entrenador del Barcelona: «Hemos ganado seis títulos y estamos empatados a puntos con el líder, el mejor Madrid de los últimos años, que se ha gastado 275 millones de euros en remozar la plantilla. Estamos orgullosos de plantarles cara», dice el técnico, como justificando un necesario bajón y saboreando aún las victorias de la temporada pasada.
Pero como un chicle, el sabor se le va, y si no se da cuenta, se sigue rumiando con la goma sinsabor.
Aún, la semana pasada, la justificación era que el Barí§a tiene mejores posibilidades para superar la prueba de la Liga de Campeones, ya que empató en la visita, mientras que el Madrid perdió también en campo ajeno. Pero la realidad es mucho más simple: ambos clubes deben ganar si quieren pasar a siguiente ronda.
JUSTIFICACIONES
Pero, en términos generales, ¿qué es lo que ocurre en el Barí§a? Pues, de ser un equipo inalcanzable, ahora fue alcanzado por el Real Madrid, al cual todos acusaban de falta de cohesión.
Las lesiones, tal como indicó Guardiola, han mermado al club; sin embargo, el año pasado también hubo lesiones, pero el técnico supo encontrar al adecuado para sustituir, incluso sacando jugadores de la cantera y colocando a otros en posiciones no tradicionales.
De primas a primeras, es evidente que del cuadro titular del campeonato pasado, Thierry Henry, Rafa Márquez y Touré Yayá, son las ausencias más evidentes. Este último era utilizado por Guardiola como el multiusos. Su función habitual, en el centro del campo, a veces era modificada y pasaba al fondo de la zaga, para reemplazar a Carlés Puyol o a alguien más.
Pero Touré no es el mismo, y pasa la mayor parte del tiempo en la banca calentando el hígado, sólo para que, cuando por fin ingresa al campo, no recuerde cómo jugar y se limite a continuar de mal humor sobre la gramilla.
El bueno ojo de Guardiola hizo que subieran de la cantera a Sergi Busquets y a Pedro, el primero usual titular en el mediocampo, y Pedro que ha tomado el lugar de Henry, y que además ha respondido con goles.
Sin embargo, si hay que enfocarse en un jugador, habría que sopesar la labor de Keita, quien se encuentra lesionado, y que desde su receso obligado el Barí§a no ha podido ser el mismo. Abidal, si se quiere, puede ser otro factor importante por su ausencia.
Guardiola ha usado a 24 futbolistas, 14 de ellos canteranos, desde que comenzó la Liga, por los 27 que ya había usado en su primera temporada a estas alturas. Creen en el cuerpo técnico que el equipo está acusando muy especialmente la ausencia de Keita: «Nos daba mucha profundidad. Es un jugador aguerrido, que nos ayuda mucho, y con recorrido, así que junta mucho las líneas». Sin él, el equipo ha perdido tensión en el medio.
Y, por último, el factor que los ha enviado a la segunda posición es la poca eficacia que se tiene en la delantera. Actualmente, el Real Madrid los supera sólo por la diferencia de goles. Y es que los merengues han tenido más hambre de gol: 16 de ellos han anotado, frente a trece blaugranas que tienen registro de anotaciones. El Madrid los supera en lanzamientos a la meta, con 196 contra 173, lo que implica, necesariamente, una mejor diferencia de goles.
Lo más duro de la Liga está por venir, pero el Barí§a ya da signos de que empieza a desbaratarse. «Esto no se ha acabado», responde el equipo. El campeón resiste.
Mientras se busca de nuevo el Barí§a, se encuentra el Madrid. Al estruendoso plan institucional le faltaba el acento deportivo. En un club tan presidencialista, el politiqueo es inevitable para cualquier técnico, incluido Manuel Pellegrini, al que los acontecimientos le han servido de brújula. Del trastero de la pretemporada han resurgido, en buena medida por azar, Garay, Van der Vaart e Higuaín. Los tres, alistados por el presidente anterior, partieron como colistas en sus respectivas demarcaciones. Han resultado claves. Como Guti, el patrimonio más antiguo del club: nadie lleva tantos años de madridista.
Los cuatro futbolistas reseñados se han ganado más de una portada, por mucho que no estuvieran en las negociaciones del advenimiento de Florentino Pérez. Si nadie como Cristiano Ronaldo simboliza la apuesta financiera del proyecto, nadie como Guti marca el estilo. Más allá de las condiciones visionarias del jugador y de su inestabilidad permanente, Guti es una especie única. í‰l representa una forma de entender este juego. No hay en la plantilla quien tenga su ingenio, su capacidad para hacer incluso mejores a los demás. Le ocurre a Xavi en el Barí§a. Su espectacular dictado ante el Sevilla no sólo le volvió a reivindicar como futbolista, sino que evidenció que el gutismo debería ser un principio irrenunciable en el Madrid, una etiqueta que ni las estrellas pudieran discutir por mucho que les apunten los flashes y deleiten a los vip.
Pellegrini, por si no había tenido pistas, lo advirtió ante el Sevilla en un examen de máxima exigencia. Al estilo Guti, el Madrid fue un coloso y no perdió un ápice de energía. El miércoles, frente al Lyon, en otra prueba de altura, con Xabi Alonso sancionado, el gutismo es la única salida. No debería ser por obligación, sino por necesidad. Cuando todos estén en plenitud, si nada cambia por el camino, Pellegrini tendrá que argumentar en favor de Kaká y en detrimento de Alonso, Guti, Van der Vaart… La gestión no será sencilla, salvo que Guti facilite las cosas. Aun sin él, el Madrid debería ser gutista.
A la espera de esos debates, el madridismo disfruta tras la épica remontada ante el Sevilla y las dudas que despierta el Barí§a, penalizado por su crucero de éxitos, la dimisión de Henry y la fijación de Ibrahimovic, tan buscado como boya por sus compañeros, lo que desnaturaliza muchas veces el tuétano del equipo, como marcado por árbitros y adversarios. Con las certezas de unos y las inquietudes de otros, el fascinante duelo no defrauda. El estilo del Barí§a, tampoco. El del Madrid se negociará en un mes, con la Champions y el clásico de por medio. Guti es el síntoma.