El despuntar cuaresmal hace presencia. Otro paso más en consecuencia y Semana Santa tiene protagonismo plural. Acontecimiento que satisface la ansiedad espiritual multánime, pero de expansión recreativa mayúscula. Dos rostros opuestos identifican en definitiva dicha época el comportamiento de innumerables segmentos del colectivo nacional.
La Semana Santa en Guatemala tiene prestigio, año con año. La conmemoración de la Pasión de Cristo, dolorosa y meditativa alcanza glorificación con la triunfante resurrección. Que de no haber sido, vana sería la pasión, según Pablo. Año con año presenta solemnidad y devoción tumultuosa en el ritual interno, en templos y fuera de los mismos.
Hay desborde popular acentuado en esos días, propios de una época asfixiante. Que tampoco detiene a millares de devotos que presencian los famosos cortejos profesionales, inclusive hasta horas nocturnales avanzadas. La admiración por el simbolismo, elegancia y vistosidad de las andas, representa el principal elemento y fuerza motivacional.
Provoca sentimientos de orden especial, que propugnan por dejar el posicionamiento de interioridades, los cuadros de cargadores en actitud penitencial. Brazo en ristre libre, sirve para llevar consigo a un hijo, enfundado de igual manera con túnica y restantes piezas del atuendo identificador de la hermandad inveterada de cucuruchos.
A su paso la ciudad adquiere pruebas fehacientes de singulares estampas, fiel legado de generaciones atrás. Por obra tangible de su expresión creciente, el culto externo constituye auténticos amontonamientos mayúsculos en las vías procesionales. De fondo el aroma del incienso, corozo y la policromía, endosado al arte esplendente de las alfombras.
Aliciente que implica invisible imán o atractivo la presencia singular de inusitado movimiento turístico, interno y foráneo. Hay que destacar como la moderna tecnología da su aportación. Variedad de cámaras recogen lo más granado de las procesiones en el marco escénico brindado en calles y avenidas por seres humanos a la cabeza, dondequiera a la expectativa.
El arte musical representado por compactas bandas matiza mediante inspiradas marchas fúnebres, durante el recorrido procesional otro telón de fondo propicio. Crean el ambiente necesario de caudales solemnes que causan el deseable recogimiento espiritual. Además de irradiar el aliento espiritual para las almas devotas del público acompañante.
Las bellas alfombras que elaboran los vecinos al paso procesional, son una muestra creativa y devota. Con el auxilio de materiales apropiados buscan la maravilla vegetal, entre ellas: flores, aserrines y restantes objetos complementarios. Conforman, visto está, ejemplos patentes y enardecidos de luz, color y esplendor que en síntesis son efímeros.
Cuando digo que existen dos rostros opuestos en la Semana Santa, cobra realidad el aspecto recreativo. Millares de guatemaltecos aprovechan el descanso más largo del año. Existe un ostensible éxodo hacia playas, balnearios y cualquier sitio de solaz y esparcimiento. Con lo que queda demostrado sin variable alguna, que de todo hay en la viña del Señor.
Nudos de vehículos posesionados del sistema vial del país, con entusiasmo febril, dispuestos a introducir el ingrediente de cambio en la rutina. Aunque deseable viene a ser prudencia y previsión, endosadas por instituciones de servicio, al final de cuentas siempre se lamenta el saldo trágico de ese jolgorio.
Pese a la crisis económica y malos augurios echados a robar con la psicología del amor, amargan los mismos ese derecho individual de disfrutar en lo posible. Convienen en que hay circulante que tiende al derroche, junto a infinidad de incomodidades, rayanas en exageración, a las cuales se conforman y avienen las bandadas de «veraneantes».