Un gobierno decadente


            Alguien dijo que «en polí­tica, imprevisión y decadencia son sinónimos».  Y puede que la frase no sea del todo desafortunada.  En Guatemala más bien la expresión se cumple al pie de la letra y tanta verosimilitud adquiere, de veras, rasgos de sabidurí­a milenaria y certeza absoluta.

Eduardo Blandón

            El presidente Colom, que es quien inspira esta nota, hace que entendamos perfectamente el concepto de lo efí­mero y contingente.  Hoy dice una cosa y mañana otra, hoy construye y luego destruye.  Por el Ministerio de Gobernación han pasado cuatro ministros, por el de Educación otros tantos y si se sigue revisando se comprenderá que el gobernante le teme a la permanencia.  Lo suyo es probar, intentar, modificar, trastocar, cambiar y un innumerable etcétera que demuestra la volubilidad de su carácter.

 

            Aquí­ no hay prudencia, qué va.  En ésta hay «videntia», esto es, capacidad de ver y anticiparse al futuro.  Pero este gobierno ha demostrado todo lo contrario: ceguera y daltonismo extremo.  No distingue la coloratura de las circunstancias.  Además, si nos atenemos a los griegos -que fueron los autores del término- en la prudencia hay no sólo Phronesis (una especie de cautela y cuidado), sino Sophia que equivale a sabidurí­a.  Y quienes hacen gobierno están lejos de ser sabios.

 

            Entonces, si la prudencia es, según los clásicos, «la virtud que dispone la razón práctica a discernir en toda circunstancia nuestro verdadero bien y a elegir los medios rectos para realizarlo», lo original de este gobierno es más bien la insensatez.  Esto es, un gobierno sin el más mí­nimo sentido.  Y ya se sabe, no tener sentido equivale a no estar orientado.

 

            En realidad, al gobierno de Colom se le debe criticar sobretodo por su falta de orientación.  Están perdidos.  Nunca han tenido claridad por más que hayan jurado en los dí­as de campaña que tení­an proyectos para educación, seguridad, salud, combate a la pobreza y muchas otras cosas más.  La experiencia ha revelado que tanta insensatez responde a la falta de visión.

 

            Y claro, si no se ve, no se puede prever.  Por eso es que sus burócratas sean tan improvisados, como sucede en el caso del nuevo Ministro de Gobernación.  Y no es que el muchacho periodista esté mal, pero uno desearí­a más asertividad en los movimientos polí­ticos, más seguridad en la conducción del paí­s y bastante más capacidad de persuasión.  Pero lo que genera Colom es inestabilidad al espí­ritu, duda, preocupación y mucho desconsuelo. 

 

            Dicen que «en polí­tica como en la guerra, lo primero que hay que prever es lo imprevisto».   En este caso, creo que podemos ser indulgentes cuando en materia bélica (y afortunadamente no estamos en guerra) este gobierno sea dí­scolo, pero es imperdonable que al hacer mala polí­tica sea incapaz de suscitarnos una paz mí­nima.  Estamos pues, como dijimos al inicio, un poco en decadencia.