La grave crisis que ha rodeado en los últimos días al sector de seguridad con la remoción de la cúpula del Ministerio de Gobernación, las revelaciones de la existencia de un escuadrón de la muerte en la Policía Nacional Civil, (PNC), la captura ayer del director de la misma, Baltasar Gómez bajo la sindicación de haber cometido varios delitos, y los señalamientos del ex Ministro Raúl Velásquez en contra del Gobierno de entorpecer las investigaciones, han creado un ambiente de desencanto e incertidumbre entre la población.
Dentro de todo este confuso contexto, han aflorado importantes indicios sobre que la cartera de Gobernación ha sido una olla de grillos y alacranes, con una serie de conflictos entre los funcionarios del más alto nivel de ese ramo, como por ejemplo los viceministros.
Sin duda, han sido pugnas por el poder erosionando gravemente los programas de ese Ministerio que en esencia deberían estar orientados a garantizar la seguridad de los guatemaltecos en general.
Toda esta atmósfera poco alentadora, ha repercutido en un acelerado deterioro de la imagen del gobierno del presidente ílvaro Colom, prevaleciendo la percepción de una total desconfianza en los agentes de la autoridad, especialmente luego que el ex viceministro del ramo de Gobernación, Francisco Cuevas dio a conocer a la opinión pública, que en la policía existe un escuadrón de sicarios de aproximadamente 30 hombres que se dedica a cometer asesinatos.
También quedó al descubierto la purulencia en esa dependencia del Ejecutivo mediante actos de corrupción, como por ejemplo la compra millonaria de chalecos antibalas de escasa o nula calidad, y las graves anomalías en el negocio de abastecimiento de combustibles para las patrullas y demás vehículos de la policía.
La impresión entre las mujeres y hombres que diariamente luchan por ganarse la vida honradamente, es que en este Gobierno ha habido una vergonzosa improvisación con una total ausencia de políticas de Estado para asegurar la protección de los habitantes ante la impresionante escalada de violencia e inseguridad.
En todos lados se palpa una profunda decepción, y es indudable que el régimen del presidente ílvaro Colom ha extraviado la brújula y va sin rumbo fijo perdiendo credibilidad de manera apabullante.
No es aventurado anticipar que en estas condiciones, es muy difícil, por no decir imposible, que el hoy partido oficial, la UNE, pueda ganar las próximas elecciones.
Además, existe una larga tradición histórica sobre que el partido oficial de turno no vuelve a triunfar. La única excepción fue en 1951 con los partidos de la Revolución de Octubre del 44, que alcanzan por segunda vez la victoria.