A mediados del siglo pasado, aún y en medio de la agudización de la «Guerra Fría», las sociedades más desarrolladas volvieron su vista al campo. Veinte años más tarde surgió el fenómeno que se acuñó como «Revolución Verde», tanto como modelo de producción, como sugestiva forma de vida colectiva, fue algo así como la migración de la ciudad al campo. A partir de entonces se ha producido un crecimiento sostenido en la producción de alimentos. Sin embargo, el hambre también ha ido en aumento. La masificación e industrialización de la producción agrícola no propició el denominado «efecto cascada» que con tanto ahínco se pregonó.
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A inicios del presente siglo, dos situaciones adicionales generaron otro tipo de distorsiones en la producción agrícola, principalmente en la asociada a la producción de alimentos: La generación de transgénicos y el uso de las cosechas con destino a la formulación de biocombustibles. Como contrapartida la población rural, vio como se acentuaba la reducción de las oportunidades para mejorar sus condiciones de vida. De nuevo el acaparamiento de grandes extensiones de tierra con potencial de desarrollo agrícola provocó, no fuentes de empleo sino, paradójicamente un acentuado empobrecimiento de la población rural circundante y de la población rural en general.
El uso de semillas genéticamente alteradas, cuyo cultivo general estaría destinado a la producción de biocombustibles, también se vio estimulado por su masificación y eventual destino al consumo humano. Las investigaciones más serias al respecto, han advertido no obstante, los eventuales impactos negativos al ser destinada esta producción como alimento. La sed de ganancias no ha impedido que se genere una verdadera lucha de opinión entre los defensores del uso de los transgénicos para consumo humano y aquellos que les adversan, precisamente por sus efectos nocivos en la salud.
Y en medio de todo este escenario, en nuestra sociedad, se promueven modelos de diálogo tendentes a la generación de condiciones normativas, financieras, programáticas y de vías de desarrollo para propiciar un desarrollo rural con justicia económica y social. El camino ha sido tortuoso. Prácticamente ha sido objeto de debate a partir de la presente y desde hace tres administraciones. El diálogo promovido a partir de la suscripción del Acuerdo de Paz y todos los acuerdos que lo conforman encuentran su referente emblemático más representativo en el Acuerdo sobre Aspectos Socioeconómicos y Situación Agraria, suscrito un 6 de mayo de 1996.
Y todo este esfuerzo deliberativo se materializa en una iniciativa de ley, que ahora se encuentra en manos del Congreso de la República, me refiero a la registrada bajo el número 4084. í‰sta contiene la Ley del Sistema Nacional de Desarrollo Rural Integral, resultado de un consenso entre los representantes de las organizaciones indígenas, campesinas y sociales y representantes del Gobierno. La debilidad de este proceso, concluido luego de largas jornadas de debate, lo constituye el hecho de ser llevado de nuevo a una mesa de debate distinta de la anterior, que ahora incorpora al sector empresarial. El poder económico asienta sus reales y entonces es valedero preguntarse, ¿hasta dónde puede ser promovido el desarrollo rural?
Paralelamente a estas circunstancias se unen el siempre desafiante déficit financiero. La ausencia de mano de obra calificada derivada de múltiples décadas de una persistente negación al acceso a la educación, la salud y a las fuentes nutricionales. El actual estado de cosas no cambiará con una ley, pero indudablemente que podrá ser un valioso instrumento para propiciar esas modificaciones de modelos de vida, de modos de vida y producción. Pero el reto adicional es impulsar su pronto debate y dilucidación en beneficio de los más necesitados. Si tal meta no se alcanza en el corto plazo, el próximo gobierno deberá prepararse para una creciente demanda de atención de la población más numerosa y vulnerable del país. Y entonces veremos que el apelar al asistencialismo, en medio de tantas limitaciones, será la vía expedita no tan cuestionada hoy como mañana.