Cambio necesario


Los ministros de Estado son funcionarios perfectamente reemplazables y en muchos paí­ses se mantiene el criterio de que también funcionan como flipones que se «disparan» antes de que el cortocircuito llegue a la Presidencia. En el caso de Gobernación hay que decir que el cambio realizado por el presidente Colom, si bien denota y evidencia el pobre criterio que se ha tenido para designar a los ministros de esa cartera en esta administración, era absolutamente necesario no sólo por los pobrí­simos resultados obtenidos en la lucha contra el crimen, sino además por las vinculaciones con actos de corrupción relacionados con la dotación de gasolina para las radiopatrullas de la Policí­a Nacional Civil.


Hay que reconocer que en Guatemala ha sido muy corriente un errado criterio de lealtad que ha apuntalado en sus puestos a funcionarios señalados por actos de corrupción y que no son removidos simplemente porque los gobernantes no quieren asumir la responsabilidad de haber hecho un mal nombramiento. Y en este caso el presidente Colom, quien al principio minimizó la dimensión del desví­o de fondos, al final terminó reconociendo malos manejos que afectan la capacidad operativa de las fuerzas de seguridad y por ello removió a su ministro, mismo que pregonó como carta de presentación que habí­a sido el encargado de formular el plan de seguridad del gobierno de Colom. Plan que por cierto no apareció por ningún lado, ni en papel ni en la práctica, al punto de que además de los malos manejos, la administración de Velásquez será recordada como una de las más ineficientes en el combate a la violencia, aunque una de las más hablantinas para afirmar que las estadí­sticas demostraban aciertos dignos de elogios. Personas que conocen al señor Carlos Menocal nos indican que es un profesional competente que en los últimos años ha tenido estrecha relación con el tema del combate a la impunidad y que ello le ha expuesto de manera constante con las fallas y deficiencias que presenta nuestro sistema de seguridad. Goza, además, de la confianza del Presidente de la República y por lo tanto tendrá sin duda el apoyo polí­tico que hace falta para realizar una buena gestión. No le espera una tarea fácil, pero su mayor dificultad estará en su propia capacidad para administrar el poder y para mantener la claridad de sus objetivos en contraste con los de un gobierno que no privilegia el tema de seguridad. Si el nuevo Ministro se rodea de la gente que entiende realmente el carácter prioritario del fortalecimiento institucional de la fuerza pública en materia de seguridad ciudadana y de combate a la impunidad, podrí­a ser que del limón que fue la última gestión salga alguna limonada.