Indonesia aspira a ser potencia agroalimentaria


La producción y consumo de alimentos en Indonesia es un ejemplo de éxito en Asia. AFP PHOTO / Bay ISMOYO

Siguiendo el ejemplo de Brasil, Indonesia quiere convertirse en un gran productor agroalimentario, proponiendo millones de hectáreas cultivables a inversores nacionales y extranjeros.


El archipiélago quiere convertirse de aquí­ a 2030 en «un gran productor de arroz, maí­z, azúcar, café, gambas, carne y aceite de palma», explica Hilman Manan, director de gestión de tierras en el ministerio de Agricultura.

El cuarto paí­s más poblado del mundo, con 235 millones de habitantes, presume de una producción de arroz autosuficiente desde 2008, y es el primer productor mundial de aceite de palma. Sin embargo no asegura aún sus necesidades en maí­z, azúcar y soja.

«Si todo va bien, Indonesia podrá ser autosuficiente en cinco años, y entonces podrá alimentar los mercados extranjeros», prevé Sony Heru Priyanto, un experto agrí­cola de la universidad Satya Wacana.

La tarea se anuncia muy complicada a la hora de desarrollar grandes superficies de tierra arable, estimadas en diez millones de hectáreas, situadas en las provincias más remotas, en la isla de Borneo o en Papúa.

Precisamente en el extremo oriental de Papúa, en la región de Merauke, Yakarta quiere atraer a los inversores mediante el desarrollo de un amplio «dominio agrí­cola» de 1,6 millones de hectáreas, que según las estimaciones oficiales crearí­a centenares de miles de empleos.

«Esta región escasamente habitada goza de condiciones propicias para el cultivo de arroz, caña de azúcar y soja, así­ como para la ganaderí­a», explica Manan.

Sin embargo, la ausencia casi total de infraestructuras (carreteras, electricidad, etc.) requerirá voluminosas inversiones, estimadas en más de 5.000 millones de dólares.

Según Hilman Malan hay «inversores de China, Corea, Singapur y Oriente Medio que están interesados». Algunos de ellos reclaman superficies enormes, del orden de 500.000 hectáreas, como es el caso del grupo saudí­ Bin Laden, que contactó con el gobierno para estudiar la producción de arroz basmati.

Por otro lado, los inversores extranjeros podrí­an arredrarse ante las condiciones impuestas por Indonesia, que limitará las tomas de participación y la talla de las explotaciones, concedidas en forma de concesiones.

La creación de grandes explotaciones tampoco es del gusto de todos en un paí­s en el que la agricultura, esencialmente de subsistencia, supone alrededor del 40% de la mano de obra.

«Nos negamos a que la producción de alimentos esté controlada por grandes grupos, que se apoderan de las tierras y dejan a los campesinos con las manos vací­as», declara Kartini Samon, del Sindicato de Granjeros indonesios. «Eso serí­a el regreso del feudalismo», se indigna.