Desocupación afecta a siete millones de jóvenes en Latinoamérica


De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la reciente crisis financiera y económica dejó desocupadas a unas 600 mil personas de entre 15 y 24 años de edad, que se suman a los ya afectados por el desempleo, y que juntos alcanzan siete millones.

Gabriel Herrera
gherrera@lahora.com.gt

Esto durante un foro en el que participaron lí­deres de la Unión Europea, América Latina y el Caribe, a quienes se hizo un llamado para agilizar la acción de los poderes públicos y los actores sociales.

La OIT señaló, además, que en América Latina y el Caribe los jóvenes fueron las principales ví­ctimas de una crisis del empleo que les dejó una secuela de mayor desocupación e informalidad,

La solución se reduce a la creación de nuevas oportunidades ocupacionales para las personas de entre 15 y 24 años, aunque esto se visualiza como algo complicado.

«En la región el desempleo urbano afecta a siete millones de jóvenes», dijo el Director Regional de la OIT en América Latina y el Caribe, Jean Maninat, al participar en un foro, que está dedicado al desafí­o del trabajo decente para la juventud.

ESTIMULACIí“N

De acuerdo con Maninat, el foro detalló una serie de medidas que son necesarias para estimular la inserción laboral de los jóvenes en trabajos decentes y para asegurar que los sistemas de educación y de formación profesional les ofrezcan unas competencias adecuadas a las necesidades del mercado de trabajo.

El documento, que será presentado a la Cumbre Unión Europea – Latinoamérica y el Caribe, que tendrá lugar en Madrid en mayo del 2010, destaca la necesidad que estos esfuerzos en favor del empleo de los jóvenes sean asumidos por los poderes públicos y los actores sociales

Sin embargo, las propuestas se ven ensombrecidas por la desaceleración económica, que aún afecta a América Latina y que ha puesto en un plano desfavorable a España y sus vecinos europeos.

Por su parte, el analista independiente Luis ílvarez reconoció «que se debe trabajar en un plan para contrarrestar el desempleo y sus consecuencias sociales».

Sin embargo, el empleo «no se trata solo de atraer inversiones y mejorar la competitividad», ya que en medio de un plan para los desocupados también hay que «pensar en revisar las polí­ticas sociales».

Según el especialista, Guatemala, que tuvo uno de los mejores indicadores macroeconómicos durante el año pasado, no es un buen ejemplo en cuanto a su polí­tica laboral.

«Aunque los indicadores de desempleo son bajos, el empleo informal y el subempleo crecen», señaló.

PREOCUPANTE

En cuanto al desarrollo académico y profesional, según la OIT, solo el 46 por ciento de los jóvenes latinoamericanos estudian, lo cual es otro motivo de preocupación.

Y entre aquellos que sí­ trabajan, apenas 10 por ciento tienen un contrato estable, 35,1% tienen seguro de salud, y 32,5% está afiliado a algún sistema de pensiones.

«Estas cifras son reveladoras y preocupantes», planteó Maninat ante el foro y advirtió que las evidencias sobre alto desempleo e informalidad ponen en evidencia que «el trabajo decente de los jóvenes es una asignatura pendiente que ya existí­a desde antes de la crisis».

¿LA SOLUCIí“N?

Una de las propuestas para enfrentar el problema del paro surge de la iniciativa privada y consiste en la aprobación del Acuerdo 175 de la OIT, que regula el trabajo a tiempo parcial, aunque existe oposición de sectores sindicales y sociales a esta iniciativa.

Como si fuese un contrato de acuerdos compartidos, algunas empresas se muestran flexibles en la contratación de personal -muchos jóvenes-, a medio tiempo; de ese modo, los patronos se benefician de mano de obra para su producción y el trabajador invierte su tiempo adicional en estudio o en el hogar.

Pese a que la crisis económica obliga a las empresas a buscar mecanismos de contrataciones flexibles, esos aparentes beneficios plantean una necesidad de comprobar que los trabajadores obtengan todas sus prestaciones y reconocimiento legal.

En este contexto, Guatemala no cuenta con las garantí­as laborales para este tipo de surgimiento de empleos por tiempo parcial, por lo que muchos se muestran escépticos con esta iniciativa.

Pese a ello, empresarios y representantes de la Cámara de Comercio y de la Cámara de la Industria han enfatizado que urge la ratificación de este acuerdo, pues como en casos anteriores, aseguran que podrí­a ser el «milagro» para Guatemala, como lo dijeron alguna vez con el TLC con Estados Unidos.

Juan Carlos Ramos, secretario del sindicato de trabajadores del Ministerio de Economí­a, menciona que para poner en marcha un acuerdo que apruebe el trabajo de tiempo parcial, se tendrí­an que realizar muchas reformas a las leyes del paí­s, como por ejemplo al Código de Trabajo y a las normativas que regulan el funcionamiento del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social.

El sindicato de trabajadores pone en tela de duda cómo un trabajador que sólo llegara a laborar cuatro horas diarias podrí­a sustentar la canasta básica alimentaria, que oscila entre los Q1897, y siendo el salario mí­nimo para el sector agrí­cola y no agrí­cola de Q.1680 crea un déficit de Q217, y para el sector maquila el salario mí­nimo Q1552.50, creando la diferencia de Q344.5, sin contar los otros gastos que se tendrí­an por familia. Serí­a imposible solventar toda la serie de gastos que tendrí­a en un hogar.