Los meses finales de año son el escenario de dos caras para el colectivo. Prevalecen posiciones opuestas que generan motivos de penurias y de animación. Conductas humanas marcadas, resultantes de la idiosincrasia nuestra expuesta como legado generacional invariable, que goza de protagonismo evidente en medio del trajín cotidiano.
De esa suerte gigantesca segmentos poblacionales evitan de un todo formular expectativas porque no responden a sus planes e intereses personales. Tampoco pueden constituir el tan cacareado y engañoso efecto cascada, en beneficio de la familia, siempre marginada en diversos órdenes, aquí y allá a la espera de cambio favorable.
Así las cosas queda sobreentendido que los verdaderos zarpazos demoledores, ante el repunte de alzas, son auténtica soga al cuello. Las mismas de naturaleza desaforada ponen en ascuas a la población en dicha época. Lo genera la ambición tremenda de parte del comercio y la industria, dispuestos con denuedo a incrementar su fortuna.
Quien más, quien menos, a fin de año ven el panorama oscuro y sin posibilidades de cambio inmediato. Grandes vuelcos da el corazón a una mayoría el itinerario arrasador de la época aludida, puesto que se visualiza con un déficit económico grande y prolongado. Los precios hasta la estratosfera los dejan con los bolsillos totalmente vacíos.
Factores de índole patética se suman para propiciar un ambiente difícil. La canasta básica elevada a la enésima potencia, hay que añadir más zarpazos. El alza a la energía eléctrica, a las gasolinas y gas propano, sitúan en más pobreza a consumidores y usuarios en su orden de servicios indispensables, carentes de duda al momento y punto.
A propósito de los precios de la canasta básica, y pese a declaraciones del Instituto Nacional de Estadística, continúan en ascenso, no así leves aumentos registrados a criterio de ese ente. La realidad muestra rostro duro día a día, sobre todo en mercados cantonales, súper y tiendas de barrio. Nos ubicamos por fuerza entre fantasías y verdades.
Los meses de fin de año, bien llamados de cuadritos, alcanzan niveles que ocasionan infartos, sin embargo, proliferan las ofertas propiciadas por un mercadeo y publicidad acentuado, que está en desequilibrio monetario, situación crítica que obliga a exclamar a modo de auxilio, palabras como: ¡qué cosas las de la vida, causantes de tensión!
Circunstancia significativa de nuestra dependencia acerca de las monumentales potencias del mundo. Reflejan por consiguiente el hecho innegable que vivimos a merced de una inicua explotación, posesionada desde siempre. Generadora viene a ser del menoscabo tocante al desarrollo y progreso, ahora refundido en el rincón del olvido.
Circunstancia valedera al influjo de la creciente presión de países, a la cabeza el Norte, habida cuenta que consumen demasiado gas y combustibles en la presente temporada de bajas temperaturas. Por lo tanto la fuerte demanda repercute en alzas tremebundas a nuestros países tercermundistas, entre ellos el nuestro, Guatemala.
La otra cara de la medalla, surge de cuerpo entero al instante, ajeno a valladares diversos. Consistente en el florecimiento de un estado de ánimo perceptible, como quiera que sea, de parte asimismo de la casi totalidad de compatriotas, dispuestos a echar la casa por la ventana, en forma mayúscula, para sublimar la crisis en mención.
Tradiciones reafirmadas demuestran la predisposición humana de conmemorar acontecimientos de resonancia universal a fondo, con diversas manifestaciones populares, rezados de Concepción y Guadalupe; posadas incluyentes de auténticos cortejos procesionales; la Nochebuena, Navidad y de ajuste el Año Nuevo, en jolgorio hasta el amanecer. Somos así.