Cientí­ficos cultivan insectos para consumo humano


Elisabeth T. Zannou de Bení­n trabaja en el laboratorio del Instituto Nacional de Biodiversidad en Santo Domingo de Heredia, en las afueras de San José. En el laboratorio del INBio, con financiamiento de los Paí­ses Bajos, los cientí­ficos de Costa Rica, Bután y Bení­n, están trabajando en la reproducción de diversos tipos de insectos nativos que se puede comer. AFP PHOTO / Yuri CORTEZ

El dí­a en que los restaurantes sirvan saltamontes al ajillo o brochetas de larvas de escarabajos a la parrilla está cada vez más cerca, según cientí­ficos que iniciaron en Costa Rica el cultivo de insectos para consumo humano.


Un Erotylidae disecado se representa en el laboratorio del Instituto Nacional de Biodiversidad (INBio). AFP PHOTO / Yuri CORTEZ

Entomólogos costarricenses esperan que los insectos sirvan en un futuro cercano como alimento en este paí­s, igual que en Bení­n, nación de ífrica desde donde partieron muchos esclavos que llegaron a Centroamérica en la época de la colonia.

El programa de cultivo de insectos, que cuenta con financiamiento de Holanda, busca también reproducir hongos para consumo humano, tomando la experiencia de Bután, un paí­s de los Himalayas donde este alimento es un preciado manjar, expresó Marianella Feoli, gerente de la fundación que coordina la iniciativa.

«Bení­n sabe mucho de consumo de insectos, Bután sabe mucho de consumo de hongos y Costa Rica aporta su experiencia en el manejo de la biodiversidad», dijo Feoli.

El programa es impulsado en Costa Rica el Instituto Nacional de la Biodiversidad (INBí­o), una ONG creada hace 20 años que ha levantado catastros de las especies animales y vegetales del paí­s, y cuyos entomólogos han viajado a Bení­n a conocer la experiencia del consumo de insectos.

«En otros paí­ses hay restaurantes gourmet que sirven insectos», dijo el entomólogo Manuel Zumbado, a cargo del proyecto junto a su colega Carlos Hernández.

«Al principio la gente piensa que uno está un poco loco, pero veo esto como una gran alternativa, no como alimentos de supervivencia, sino como algo cultural», declaró Zumbado.

En los laboratorios de INBí­o, en Santo Domingo de Heredia, localidad cercana a San José, los cientí­ficos están trabajando en la reproducción de varios tipos de insectos autóctonos que pueden servir de alimento.

Zumbado, quien ha comido insectos en su paí­s y en su reciente visita a Bení­n, mencionó entre éstos a las esperanzas, un tipo de saltamontes con largas antenas que abunda en los bosques y zonas rurales de Costa Rica.

También tienen potencial las termitas, saltamontes de varios tipos, larvas de escarabajos y larvas de mariposas, entre otros, dijo el cientí­fico.

«Las esperanzas al ajillo saben mucho más rico que los camarones. Vale la pena probarlas», dijo el cientí­fico. «Se pueden cocinar fritas o también hacer pinchos (brochetas) con cebolla asados al fuego».

«En Bení­n me decí­an: preferimos los insectos al pescado», dijo Zumbado, quien explicó que en ese paí­s no cultivan los insectos, sino que son capturados en ciertas épocas del año, por lo que su oferta en los mercados es estacional.

Para aportar la experiencia de sus paí­ses, están trabajando en el INBí­o una entomóloga de Bení­n, Elisabeth T. Zannou, y una experta en hongos de Bután, Ugyen Yangchen.

Zumbado cree que para lograr la aprobación de la gente es conveniente que los platos de insectos comiencen a ser ofrecidos por restaurantes y hoteles de lujo. Contó que ya está interesado en la idea un «hotel boutique» de la provincia norteña de Guanacaste, principal destino turí­stico de Costa Rica, donde pretenden servirlos con un vino apropiado.

«Yo pondrí­a caro el plato para que la gente lo aprecie», expresó el entomólogo.