Dormía y soñé que la vida era hermosa, desperté y advertí, entonces, que ella es deber.
Enmanuel Kant.
 Con la tragedia llegó el dolor, el hambre y la desesperación.  Con la catástrofe del débil el aprovechamiento del otro.Â
Hombres y mujeres  deambulan por lo que en algún momento fueron calles buscando entre los escombros a sus seres queridos, y de paso algo para comer.Â
Niños llorando, madres angustiadas, padres doloridos, en un Haití  saqueado por los colonizadores  y  luego abandonado a su suerte; ahora cubierto por las ruinas de su propia historia, por la furia de la tierra y la desdicha.
Las manos fraternas se entrelazan para formar una cadena de amor, de alimento y esperanza para un pueblo que sufre y llora una de sus peores tragedias, más de 200 mil muertos: amigos, compañeros, hijos, padres, hermanos.  La familia, fragmentada por las sacudidas violentas que derribaron las viviendas ahora enfrentada por el pan, por  el agua, por la sobrevivencia.
Ante esto, los guatemaltecos, en medio de su diario vivir, entre los suicidios anunciados y los asesinatos  planificados. Iniciando el ciclo escolar con muchos deseos de aprender, pero sin textos que leer, entre el desempleo y la reforma tributaria, también recuerdan su tragedia de hace 34 años  y la ayuda.
Por eso reúne fuerzas y junta sus centavos para adquirir quizá no de calidad, pero si con amor y cantidad, alimentos para mitigar el hambre y la sed del haitiano.
Hoy, comida enlatada, granos y  sopas precocidas, son los alimentos  a enviar, quizás luego podamos compartir las verduras y las frutas  recordó que expresó a sus alumnos la seño Margarita Nájera, directora de la Escuela de Enfermería del Hospital Roosevelt, cuando comentaba con el director del Hospital doctor Héctor Danilo Barrios,  sobre la ayuda recaudada por sus estudiantes,  los alumnos de Educación Acelerada y Diplomado en Derechos Humanos, Cultura de Paz  y Salud de dicha institución. Misma que fue entregada esta semana.
 Casualmente al retirarse observaron la llegada de dos picops con botellas de agua pura, donados por médicos y personal administrativo del Sanatorio Nuestra Señora del Pilar, según indicó el doctor Víctor López,  su director.
Lo que dejóÂ a la vista que existen más similitudes que diferencias entre los centros de salud, públicos y privados, ante el comentario de uno de los estudiantes.
¡Miren, dijo, nosotros traemos las sopas y ellos el agua!
Y usted, ¿ya colaboró? Aún se necesita más. Lleve su ayuda poca o mucha,  a Conred en la Avenida Hincapié y 22 calle zona 13
 Cuide su vida, su salud  y su familia.