La normativa constitucional vigente y las reformas propuestas (5)


El constitucionalista que legitima a un gobierno de facto es electo en una situación de hecho; es decir, cuando no se dan las condiciones para el libre ejercicio de los derechos ciudadanos y las garantí­as individuales se encuentran restringidas. Ello no permite la celebración de votaciones libres y sus resultados no expresan la voluntad popular y ciudadana. La vigencia de lo que la Constituyente emite adquiere validez y nace a la vida jurí­dica a partir del momento que el gobierno así­ electo toma posesión del cargo y se instala el Congreso de la República.

Ricardo Rosales Román
rosalesroman.cgs@gmail.com

Con relación a la alternabilidad no es posible hablar -a partir de junio de 1954- de alternabilidad electoral y, tampoco, de alternabilidad en el ejercicio del poder polí­tico. La alternabilidad en Guatemala se da mediante la sucesión de juntas militares; gobernantes de facto; presidentes fraudulentamente impuestos; mandatarios designados; coroneles y generales golpistas; y, en los 24 años más recientes, los cinco civiles electos y uno designado por el Congreso, son la continuidad del ya agotado, desgastado, caduco y en crisis sistema electoral y de partidos y gobierno.

En estos 55 años, el poder polí­tico ha estado en manos de 38 gobernantes de los que tres han sido presidentes designados, seis juntas militares, un gobernante «electo» por plebiscito a viva voz, un mandatario interino, un Jefe de Estado de facto, 11 presidentes electos -tres de ellos impuestos fraudulentamente- y, los últimos seis, corresponden a la llamada transición a la democracia o apertura polí­tica iniciada en 1985.

De 1985 en adelante lo que se da, en lo electoral, es la alternabilidad formal en tanto que en nada o en casi nada se diferencian las propuestas a ser votadas y lo mismo sucede en cuanto a la alternabilidad en el poder: los gobiernos que sucesivamente se han instaurado, representan los mismos o muy parecidos intereses.

En lo electoral, el votante no tiene posibilidad de escoger entre varias propuestas verdaderamente diferenciadas. La opción que así­ se impone no es más que la sucesión de partidos o coaliciones polí­ticas coyunturales que dan continuidad, reproducen y perpetúan ese sistema electoral y de partidos y gobierno en crisis.

El comportamiento ciudadano es, en consecuencia, sui géneris. El ciudadano acude a las urnas a sufragar por el menos peor o a castigar al gobierno de turno no votando por el candidato oficial. Es por ello y otros factores más que no se han producido los reales y verdaderos cambios que el paí­s necesita.

4.- Sustento doctrinario y estudio del Derecho. Si algo gravita e influye con todo su peso en la precariedad de nuestro ordenamiento constitucional y en el sistema judicial, en general, es su sustento doctrinario y jurí­dico.

Una de las caracterí­sticas de la enseñanza del Derecho y su práctica en nuestro medio es su rezago, doctrinarismo y memorización codiguera. No se educa ni se forma al futuro jurista a la luz de las corrientes más avanzadas del pensamiento y la práctica jurí­dica. Tampoco se le dota de los instrumentos cientí­ficos para conocer, interpretar y explicar nuestra historia y la realidad y condiciones concretas del paí­s, y la cambiante, acelerada y dinámica situación internacional.

No se trata de exagerar ni generalizar. Pero la enseñanza y aprendizaje del Derecho es una enseñanza descontextualizada y un aprendizaje dogmático, en abstracto e, igualmente, un estudio descontextualizado y una formación dogmática, en abstracto.

En sus aspectos más generales hay que decir que la polí­tica educativa en nuestro paí­s se caracteriza por sus grandes limitaciones que se dan desde el nivel primario al superior. Las deficiencias de la educación primaria se reproducen y no se superan en el nivel secundario, tampoco se corrigen a nivel universitario, se acentúan.

En cuanto al nivel superior ojalá no fuera cierto que lo que tiende a predominar es el utilitarismo y pragmatismo, el mercantilismo e individualismo, el egoí­smo y menosprecio y subestimación del docente y del alumno al estudio, conocimiento, interpretación y explicación de la realidad del paí­s, su entorno internacional y las caracterí­sticas de nuestra época.

Además, a nivel primario, secundario y superior no se promueve, estimula, programa e inculca la educación cí­vica y ciudadana, nuestra identidad multiétnica, pluricultural y multilingí¼e, el sentido de pertenencia a la nación y al paí­s, el respeto a la Patria, y la defensa de la independencia, la soberaní­a y nuestra autodeterminación. (Continuará). http://ricardorosales roman.blogspot.com.