Misteriosas predicciones


En el segundo caso, el rey de Francia Felipe IV entró en abierta pugna con los Templarios; estaba en quiebra y su mayor acreedor era precisamente la Orden Templaria. Consideró por ello un camino fácil con dos beneficios, acabar con ellos aprovechando, asimismo, quedarse con sus riquezas. Por eso ordenó el arresto de sus principales dirigentes en base a acusaciones infundadas (muchos de los mitos que hoy persisten) el viernes 13 de octubre de 1307. El Papa hizo una tí­mida defensa que luego no sostuvo jugando un discutido papel.

Luis Fernández Molina

El 18 de marzo de 1314 el último Gran Maestro de la Orden fue quemado en la hoguera por orden real. Desde su estaca, poco antes de morir, Jaques de Molay gritó al rey que antes de que transcurriera un año tanto el rey como el Papa iban a comparecer ante Dios. Clemente V falleció un mes después y Felipe IV murió en un accidente de cacerí­a en noviembre. ¡Ambos dentro del año que el Gran Maestro habí­a predicho! Otro ejemplo -entre muchos más- lo encontramos a principios del siglo pasado. Es conocida la asombrosa influencia que Grigori Yefimovich, más conocido como Rasputí­n, tuvo en la familia del último Zar de todas las Rusias. Era un controvertido personaje, para unos un santo para otros un personaje funesto, por eso tuvo muchos admiradores, pero también enemigos, especialmente entre los nobles. Poco antes de cumplir los 48 años murió asesinado el 29 de diciembre de 1916 de una manera increí­ble, primero le administraron veneno suficiente para matar a tres elefantes, luego le hicieron varios disparos a quemarropa y finalmente lo arrojaron con cadenas al rí­o Neva; al parecer no falleció ni por el veneno ni por las balas porque encontraron agua en sus pulmones. Poco antes habí­a escrito: «Siento que debo morir antes del Año Nuevo (murió dos dí­as antes). Quiero hacer presente, no obstante, al pueblo ruso, al Padre, a la Madre de Rusia y a los Muchachos, que si yo soy asesinado por comunes asesinos, y especialmente por mis hermanos aldeanos rusos, tú, Zar de Rusia, no tengas miedo, permanece en tu trono, gobierna y no temas por tus Hijos, porque reinarán por otros cien o más años. Pero si soy asesinado por los nobles, sus manos quedarán manchadas por mi sangre y, durante veinticinco años no podrán sacarse de la piel esta sangre. Ellos deberán abandonar Rusia. Los hermanos matarán a los hermanos; ellos se matarán entre si. Y durante veinticinco años no habrá nobles en el Paí­s. Zar de la tierra de Rusia, si tú oyes el tañido de las campanas, que te anuncian que Grigori ha sido asesinado, debes saber esto: Si han sido tus parientes quienes han provocado mi muerte, entonces ninguno de tu familia, o sea ninguno de tus hijos o de tus parientes, quedará vivo durante más de dos años. Ellos serán asesinados por el pueblo ruso…». Los asesinos eran familiares del Zar y éste y su familia fueron asesinados por los Soviets (el pueblo) en la madrugada del 17 de julio de 1918. ¡A menos de dos años de la muerte de Rasputí­n! Sorprendente.