La captura ayer del ex presidente Alfonso Portillo ha generado diferentes reacciones, entre ellas una mezcla de odio y amor de quienes lo repudian y de quienes lo recuerdan con afecto.
Entre los primeros destacaron dirigentes de las principales cúpulas del poder económico, quienes no ocultaron su alegría por la detención del polémico político quien durante su gestión de gobierno tuvo un constante enfrentamiento con esos grupos a quienes no permitió su intromisión para influir en las decisiones del poder público como tradicionalmente lo han hecho en nombre de la comedia de democracia que existe en el país.
El segundo grupo es el de hombres y mujeres de condición humilde, quienes mediante diversas formas expresaron su solidaridad para el ex Presidente, a quien recordaron con gratitud, pues durante su mandato proyectó una política a favor de los pobres al mantener estable la canasta básica impidiendo el alza desmesurada de los precios de los productos básicos como el pollo, el azúcar, el cemento, el gas propano, y otros insumos esenciales para la vida.
Como ya es del dominio público, la detención del licenciado Portillo se llevó a cabo en el marco de una impresionante movilización de elementos de la policía, del ejército, de fiscales del Ministerio Público y de la Comisión Internacional Contra la Impunidad, CICIG, dando cumplimiento a una orden dictada por los tribunales guatemaltecos como parte de una solicitud de extradición de la Fiscalía de Nueva York bajo el cargo de conspiración para el lavado de dinero a través de bancos norteamericanos y europeos. Según los señalamientos, el dinero habría sido sustraído de las arcas públicas de Guatemala y de una donación del gobierno de la República de China en Taiwán.
El caso constituye un enorme desafío para los jueces de Guatemala que sin duda se verán sometidos a intensas presiones de todo tipo, tanto locales como externas. Habrá que esperar un período de 40 días para que las autoridades estadounidenses formalicen la petición de extradición aportando las pruebas correspondientes. Será hasta entonces que los tribunales nacionales resolverán en definitiva si procede o no la extradición.
El ex presidente Portillo denunció antes de ser llevado a prisión que la captura es parte de una conspiración de sectores poderosos a quienes no les agradaron las políticas de su gobierno.
Muchos calificaron de deplorable que el interés puesto de manifiesto por las autoridades para capturar al ex gobernante no se haya evidenciado hasta ahora a efecto de castigar a los pícaros empresarios que llevaron a la quiebra al Banco de Comercio y al Bancafé apoderándose del dinero de los depositantes.