¿Nos servirá de algo la ciencia?


Después de transcurridos más de 500 años, empezamos a hablar de un paí­s multiétnico, multilingí¼e y algunas novedades más que pareciera nos cuesta mucho digerir. A partir de ese momento el desarrollo de la conciencia en la población maya se acentúa y pareciera que la mayorí­a tenga muy clara la idea de la necesidad imperiosa de la educación. Educación que no solamente es la oficial, sino aquella que les ayuda a desenterrar su cultura originaria y los secretos que arrancaron al universo creando una de las culturas más avanzadas del planeta. Reconocida, respetada y admirada por los cientí­ficos de todas partes del mundo, mucho menos en su propia tierra en la que aún no se reconoce en toda su amplitud y alcances del conocimiento adquirido.

Carlos E. Wer

Y cuando los cientí­ficos alrededor del mundo hablan ya del «multiuniverso», abriendo el espacio de la eterna curiosidad del ser humano por encontrar los verdaderos lazos que le unen al universo. Cuando han abierto los espacios para un nuevo y legí­timo espacio de investigación cientí­fica escudriñando en el entorno de nuestro planeta aquellos universos «alternativos», que pueden haber nacido, como nuestro propio planeta del vací­o primordial de una microscópica región en la que un calentamiento exponencial en expansión llamado «inflación» (preocupándonos de paso con ese término que nos mantiene actualmente en económicas ascuas).

Cada universo dicen pueden tener sus propias leyes fí­sicas (como nuestros pueblos tienen sus propias culturas) permitiendo en algunos la posibilidad de vida. Esta increí­ble teorí­a de moderna cosmologí­a emerge en los años 80″s sugiere que esos «universos paralelos» pueden existir. Y que ellos se han formado en forma parecida a nuestro Bing Bang.

De esa manera tendrí­amos que llegar a la conclusión de que nuestro universo es solamente uno más de aquel «multiuniverso» de una cada vez más conocida o entendida amplia expansión.

Mientras los hombres de ciencia buscan respuestas en el universo acerca de nuestro origen y nuestro futuro. Mientras las inteligencias más privilegiada tratan de profundizar en los secretos celosamente escondidos por la naturaleza, aquí­, en el microcosmos, somos incapaces de encontrar la fórmula que nos permita, no solamente entender, sino aceptar y practicar la multiculturalidad de la humanidad en general y la nuestra en particular. Y en lugar de que nuestro sistema de educación preparara a nuestros niños en la comprensión de ese nuestro mundo social, en el que compartimos el espacio geográfico de nuestro territorio cuatro pueblos, los que poseen propia cultura,

Sus propias costumbres, las que solamente en su conocimiento y respeto podremos encontrar la paz de que tanto se habla. A la que tanto se aspira.

Nuestro mundo se encuentra con una situación caótica cada vez más pronunciada. La intolerancia, nos empuja a escudarnos en nuestra cultura, sin querer comprender el derecho que asiste a otros pueblos a privilegiar la propia. El insano sueño de imponer un nuevo orden mundial, ha llevado a la formación de una opinión pública mundial de la imposibilidad de coexistencia de las diferentes culturas del mundo. Ha impuesto la creencia, nacida de la enferma mente de uno de los más radicales representantes de los neocons que han llevado a la humanidad al borde del colapso, de que «el conflicto entre culturas» es inevitable. Ello para justificar las guerras de saqueo modernas.

Yo insistiré en que si una vez fue posible pensar que «El bien del vecino», no solamente aseguraba el propio, sino la paz, producto del Tratado de Westfalia, es posible. Y con ello el que nuestro multiuniverso cultural, encuentre el camino de la paz y el progreso común.