Au revoir, Port-au-Prince


Un geólogo haitiano advirtió durante años sobre el riesgo que corrí­a Puerto Prí­ncipe de quedar devastada tras un terremoto. Un hombre llora la pérdida de su familia durante el sismo. AFP PHOTO / ROBERTO SCHMIDT

Desde hace 20 años Claude Prepetit, geólogo haitiano, predica en el desierto: «Estamos instalados en un polvorí­n y frente a futuras amenazas sí­smicas hay que descentralizar y despoblar Puerto Prí­ncipe». Así­ lo volvió a repetir actualmente en una entrevista con la AFP.


Menos de un mes antes del sismo del 12 de enero, este ingeniero de la Oficina de Minas y de Energí­a de Haití­ advertí­a en el diario «Le Nouvelliste»: «Hemos entrado en una calma aparente durante la cual la energí­a sigue acumulándose en la tierra y el dí­a en que se resquebraje las consecuencias serán catastróficas para la región».

Durante años, Prepetit recorrió las escuelas y universidades explicando que el lento desgaste de las placas del continente americano y El Caribe conducirí­a a un terremoto tan inevitablemente como imprevisible.

El geólogo militó en vano a favor de la adquisición de estaciones sismográficas capaces de detectar una actividad telúrica imperceptible para el hombre y previa al gran temblor. «El gobierno lo entendí­a pero habí­a otras prioridades», explicó, recordando la pobreza del estado haitiano.

El último gran terremoto ocurrido en Puerto Prí­ncipe data de 1770. Según los cálculos de Prepetit, un desplazamiento de las placas de este a oeste de siete milí­metros por año a lo largo de la falla de «Enriquillo-Plantain Garden» provoca una ruptura de 1,40 metros en el espacio de 240 años.

«Es matemático, semejante ruptura corresponde a una sismo de magnitud 7,3» en la escala de Richter, advertí­a, y «tuvimos 7,2» el 12 de enero pasado.

El ingeniero haitiano teme que la falla de 250 kilómetros, que sólo se fisuró a lo largo de 50 km, se quiebre en la zona este de Puerto Prí­ncipe, provocando un nuevo drama.

«Hay que despoblar Puerto Prí­ncipe, donde se amontonan dos millones de personas; hay que reconstruir con tiempo la capital y fijar a la gente en las provincias creando infraestructuras y empleos para que se queden», afirmó.

Prepetit preconiza la construcción de casas y edificios que respeten las normas en caso de terremoto, algo actualmente inexistente, y la creación de programas de educación para la población, más acostumbrada a los huracanes e inundaciones que a los terremotos.

Cuando el pasado 12 de enero a las 16H53 su casa empezó a temblar como una hoja, el ingeniero tuvo un reflejo de profesional y se refugió bajo el quicio de una puerta. Pero en el transcurso de esos interminables 16 segundos prefirió olvidar la ciencia y se dedicó a rezar y a implorar a Dios, según comentó.