Lobo al rescate


La visita del Presidente electo de Honduras, Porfirio Lobo, marca la oportunidad para un encuentro con autoridades guatemaltecas a fin de restablecer las relaciones entre los dos paí­ses, afectadas seriamente por el golpe de Estado contra el presidente Manuel Zelaya. Es correcto decir que tras las elecciones en Honduras, la figura del Presidente electo es la indicada para plantear un rescate de la deteriorada situación de Honduras en el plano de sus relaciones internacionales, puesto que prácticamente el paí­s ha sido aislado por la comunidad de naciones que repudió la acción militar contra el mandatario constitucional.


Las elecciones en las que se eligió a Lobo se realizaron en el marco de una notoria indiferencia de muchos paí­ses, pero con el beneplácito siempre importante y crucial de los Estados Unidos y otros pocos gobiernos que otorgaron al pueblo hondureño el beneficio de reconocer los comicios, no obstante que se mantuvo el desconocimiento al gobierno de facto bajo cuyo imperio se realizaron. Y Lobo ha mostrado colmillo polí­tico y habilidad al buscar a gobernantes que puedan darle el espaldarazo que necesita para lograr el pleno reconocimiento de la comunidad internacional. Su disposición a otorgar un salvoconducto al depuesto presidente Zelaya parece ser una medida inteligente, que contrasta con la gorilesca actitud de quienes pretenden que de la Embajada de Brasil, el depuesto presidente vaya a la cárcel. Lo que está en juego ahora es mucho más importante que el destino de un Zelaya que tiene poco peso ya en el escenario polí­tico hondureño porque no pudo concretar su lucha para restablecer su autoridad como Presidente de la República. Sin duda que hay zelayistas en ese paí­s y que mantendrán vigente la lucha por las polí­ticas que impulsaba ese mandatario, especialmente aquellas que lo vinculaban estrechamente con el gobierno de Hugo Chávez, el ALBA y todo lo que ello representa en el plano ideológico, pero será cuestión de ver cómo en el futuro logran reagruparse y organizarse para tener una expresión electoral. Lobo, a diferencia de Micheletti, muestra disposición al diálogo e inclinación al respeto de las normas legales que, en el caso del golpe del año pasado, debieron haber propiciado un enjuiciamiento del gobernante que se estaba saltando las trancas en busca de la reelección, pero no su extrañamiento como el que hicieron las fuerzas armadas. Para la comunidad internacional, hay que decirlo, el desenlace hondureño fue un fracaso porque Micheletti se mantuvo en el poder y consolidó el golpe al punto de que la semana próxima entregará el mando a Porfirio Lobo. En tal virtud hay que admitir que sufrió menoscabo la democracia latinoamericana y habrá que trabajar para restañar las heridas.