Hace años hemos venido oyendo en el ambiente político que el gobierno de turno no tiene tiempo, en cuatro años, para realizar las obras y programas de trabajo que tienen planificado al asumir el poder al ser elegidos por el pueblo. Por consiguiente, dicen, es necesario que ellos tengan más tiempo y entonces hablan de que deben tener continuidad. Dicen eso porque cada vez otro partido toma posesión del Gobierno, hace cambio de los recursos humanos en todos los ministerios y planifica los cambios de obras y proyectos del gobierno anterior por las del nuevo y así ha sucedido por muchos años. Por esta forma de pensar y de actuar no hay seguimiento ni continuidad de obras ni progreso de las personas en la Nación. Entonces me pregunto si realmente se debe hablar de continuidad política o política de continuidad. Para tal fin, creo que sería de interés repasar el significado de algunas palabras:
Continuación: Acción y efecto de continuar. Continuar: Perseguir lo comenzado. Durar, permanecer. Seguir, extenderse. Continuidad: Unión natural que tienen entre sí las partes del continuo. Condición o cualidad de funciones o transformaciones continuas. Continuo: Que dura, obra se hace o se extiende sin interrupción. Dicho de dos o más cosas que tienen unión entre sí. Continuismo: Situación en la que el poder de un político, un sistema se prolonga. Si analizamos cada una de las definiciones, resulta que es más urgente distinguir entre una razón de prolongar el poder de una agrupación política que tendrá sus propios propósitos, o una unión continua entre varios elementos para lograr transformaciones. Después de observar por varios años los cambios políticos y escuchar a diferentes grupos usar la palabra «continuidad», he llegado a la conclusión de que no se puede acordar un significado común, para el bien común, para el progreso de la NACIí“N, porque se han confundido los términos y se personaliza para sus propios propósitos, en vez de hacer acciones transformadoras que representarían progreso continuo para todos los habitantes de la nación.
Año con año se ha escuchado que la educación es la base de la formación de la sociedad. Sin embargo, se puede hacer una lista larga, muy larga, de temas educativos que no han sido atendidos por el Ministerio de Educación o por el Gobierno Central a lo largo de los años. Estudio tras estudio, nacionales e internacionales, sobre la situación educativa del país, hablan de invertir alrededor del 6% del PIB del país, en educación. Luego de tantos, tantos años, esto no se logra. Se ha hablado tanto de una Reforma Educativa que continúa sin lograrse, que dudo que realmente se quiera hacerla. Ni siquiera ha salido un Reglamento de la Ley de Educación en vigor y se aplica uno viejo que no corresponde a esa Ley. ¿Cómo podemos entonces, hablar de hacer acciones transformadoras continuas? ¿Será que los políticos realmente quieren hacerlas o es que hablan del diente al labio?
La idea original atrás de crear el Consejo Nacional de Educación fue la de dar vida a una entidad autónoma, con educadores formados académicamente, de reconocida calidad moral, con credibilidad y experimentados en la práctica, con visión a largo plazo, sin injerencias ni presiones politiqueras, con el propósito de fijar las políticas educativas a nivel nacional. Al tomar posesión un nuevo gobierno, no podía cambiar a los miembros de este Consejo, precisamente para asegurar que las obras y las acciones de transformación en el campo de educación, tal y como la capacitación continua de los docentes, el mejoramiento constante de las aulas y en las aulas y la construcción y planificación de nuevas aulas en áreas de crecimiento, como la aún más novedosa idea para secundaria de cómo pueden los estudiantes estudiar sin asistir a una escuela, utilizando la tecnología, bajo sistemas actualizados y creativos de supervisión, creando textos interesantes, «inteligentes», motivadores y pertinentes, se dieran constantemente y ajustándose a las necesidades de la sociedad en constante evolución y posicionar al país dentro de las naciones con buen status educativo. El grupo de educadores pensantes, futuristas, que conformaran este Consejo Nacional de educación, han de estar a la vanguardia en el campo educativo y han de ser ejemplo de sabiduría, cordura, veracidad, credibilidad y visión del futuro para que los maestros jóvenes los vean como aquellos que señalan el camino, aprecian su trabajo, los orientan, los respetan y les dan seguridad para que aprovechen las oportunidades de superarse profesional y humanamente.
Concluyendo, continuidad en la educación significa hacer acciones transformadoras continuas y la única forma de lograrlo es tener un grupo colegial autónomo a cargo de lograrlo.