Los paí­ses malditos


Hay naciones a las que todo les sale mal. Da igual que tengan oro o playas paradisí­acas, si apuestan todo a rojo saldrá negro. Haití­ es una de ellas, pero hay muchas más. Congo es uno de los paí­ses con mayores recursos del mundo. Dispone de la segunda selva tropical del planeta, tiene diamantes (es el quinto productor mundial), oro, cobre, cobalto, zinc, uranio, petróleo y, para desgracia de los congoleños, el 80 por ciento de las reservas de coltan. Sin embargo, su PIB era en 1980 un tercio que el de 1962 y siguió cayendo en los 90. Sufrió primero la colonización brutal de Bélgica, que dejó cerca de 10 millones de muertos, y luego el régimen cleptocrático de Mobutu durante su independencia como Zaire. Los sucesivos gobiernos de los Kabila (tras una guerra civil que dejó otros cinco millones de muertos, la mayor cifra tras la Segunda Guerra Mundial)  no han mejorado la situación. Las tensiones persisten, en especial en la región de Ituri, fronteriza con Uganda, por el control de las materias primas, entre ellas el coltan. Este superconductor, cuyo nombre proviene de la contracción del columbio y el tantalio, es muy resistente a las altas temperaturas y, por ello, imprescindible en la fabricación de componentes electrónicos avanzados. Su extracción se paga a unos 15 dólares el kilo, aunque en los mercados supera los 500 dólares y se utiliza en móviles, GPS, televisores de plasma, videoconsolas, PDA o reproductores musicales, entre otros cachivaches que, se supone, nos hacen la vida más fácil, aunque yo tengo mis dudas.

Humberto Montero
hmontero@larazon.es – Periodista y analista polí­tico

Pese a todo, el antiguo Congo belga tiene un índice de Desarrollo Humano (IDH) similar al de Sierra Leona, el paí­s más pobre del mundo junto con Ní­ger. Congo ocupa la posición 177, mientras Sierra Leona cierra la lista que elabora Naciones Unidas en el lugar 179. Haití­, el último paí­s en IDH de América Latina tras Nicaragua (120) y Guatemala (121), ocupa la posición 148 pese a tener la mitad del PIB declarado que Congo. Hay 31 naciones africanas más pobres que Haití­ en términos reales aunque es seguro que con diez veces más recursos. En la lista de los reyes del infortunio, de los desheredados, sólo se cuelan la oceánica Timor Oriental y Afganistán, penúltima de la lista.

Haití­ es, en casi todos los sentidos, parte de la ífrica más miserable. El paí­s más pobre del hemisferio norte fue considerado en sus orí­genes un ejemplo para el continente al ser la segunda nación, tras Estados Unidos, en independizarse. Poco le duró la alegrí­a a los haitianos, que primero tuvieron que arruinarse para vencer la marginación mundial por atreverse a fundar la primera república negra y antiesclavista del mundo (a base de generosas compensaciones a la metrópoli francesa) y luego han dilapidado en luchas internas el potencial del tercio occidental de La Hispaniola. A razón de un golpe de Estado cada 6,5 años, Haití­ tiene el dudoso récord de haber vivido 32 asonadas en 200 años. No es de extrañar que, con ese nivel de conflictividad, un 76% de los haitianos subsistiera hasta el terremoto con menos de dos dólares diarios  (de ese porcentaje, el 55% sólo tení­a uno en sus bolsillos). Tampoco que la mitad del presupuesto procediera de la financiación internacional a pesar de que en el pasado fue una de las posesiones europeas más rentables y, en parte, fuente de la riqueza de Francia durante el siglo XVIII.

Una tragedia natural ha colocado a Haití­ otra vez en el mapa informativo global donde ya estuvo a principios de este siglo. Esta vez la respuesta de los ciudadanos del mundo ha sido ejemplar y va muy por delante de la capacidad de unas Naciones Unidas que se han vuelto a mostrar de nuevo ineficaces y lentas en su capacidad de respuesta. Estados Unidos ha tomado el control de la situación con el enví­o de una fuerza militar necesaria para reorganizar Puerto Prí­ncipe. A algunos, quienes siempre critican a Washington por acción o inacción, les parece mal que los marines dirijan el aeropuerto y patrullen las calles. Francia, cuya relación con su ex colonia es más que reprochable, se ha quejado amargamente de la «invasión gringa». Sin fundamento. Ojalá Estados Unidos no abandone nunca Haití­ y, ya de paso, que enví­e sus barcos a Ní­ger, Sierra Leona y la mitad de ífrica. Si reconstruyeron media Europa sin pedir nada a cambio que hagan lo mismo allí­. Con nuestra ayuda, claro está.