La celebración en familia


Pocas fechas hay en el año tan propias para la reunión familiar y la celebración con los seres queridos como la Navidad que tiene la magia de hacernos pensar y reflexionar sobre el sentido mismo de la vida por el impacto tremendo que para la humanidad tuvo el Nacimiento del Hijo de Dios cuando vino a redimir a todos los hombres. Aun en circunstancias en las que la unión fí­sica es imposible, existe la posibilidad de unirnos mediante la oración para compartir ese momento en el que damos gracias a Dios por las bendiciones derramadas sobre nosotros.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

Ya algunas veces he contado que hemos tenido la tradición de que el más pequeño de la familia carga al Niño Jesús a la medianoche para colocarlo en el pesebre. Este año el menor de los nuestros estará lejos y con él la mayorí­a de los nietos que celebrarán las navidades, pero ya encontramos la manera de poder rezar juntos, gracias a la tecnologí­a, y así­ hemos de compartir ese momento que siempre ha sido tan especial para nosotros.

Si ante la ausencia temporal nos embarga tanta sensación de vací­o, cuánto más sufrirán aquellas familias que en estas horas lejos de sentir el gozo de la fiesta sufren la angustia por la pérdida de algún ser querido en esta nuestra sociedad tan violenta. Quizás por ello es que los he tenido tanto en el corazón y he pensado mucho en el sufrimiento de tanta gente en nuestro paí­s.

Este año ha sido particularmente difí­cil para nosotros, sobre todo a partir de la absurda muerte de Rodrigo Rosenberg, socio fundador del bufete de mis hijos abogados, quienes sin quererlo se vieron arrastrados por la vorágine desatada por ese hecho trágico en el que pudimos apreciar el afecto y cariño de muchí­sima gente que mostró su interés por lo que ese crimen afectaba la normalidad de sus vidas.

Enterados de muchos de los entretelones del drama, veí­amos la forma en que mucha gente trataba de aprovechar la coyuntura para llevar agua a sus propios molinos, enturbiando más un suceso trágico que, por fortuna, ha ido esclareciendo la investigación profesional de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala y que en poco tiempo estará totalmente aclarado.

Personalmente he sentido mucho, de manera muy directa, el impacto de esa violencia incontenible que afecta a tanta gente en Guatemala y me causa rebeldí­a tremenda la indiferencia de las autoridades ante tanto sufrimiento, ante el dolor de tanta gente en la que pienso hoy porque sé cuán duro es prepararse para una Nochebuena en la que se tiene que lamentar la ausencia definitiva de algún ser querido.

Pero en el entorno de mi familia gozo viendo crecer a mis nietos, realizarse a todos mis hijos en sus respectivas actividades y hablamos con mi esposa que nuevamente llegamos a una Navidad en la que no tenemos nada que pedirle al Niño Dios, sino que únicamente darle infinitas gracias por su bondad con nosotros y por las bendiciones que derrama sobre nuestra familia.

Y un especial agradecimiento también para aquellos que en los momentos duros que nos tocó vivir en el marco de la tragedia de mayo, estuvieron cerca de nosotros y nos ayudaron a caminar en medio de la gran turbulencia que provocó el insólito crimen que conmovió al mundo y que aún ha de causar notables sorpresas.