El mínimo poder de convocatoria de la dirigencia magisterial en su movimiento de respaldo al Gobierno por el tema tributario le acarrea a los maestros un enorme y estéril desgaste, puesto que la raquítica expresión únicamente sirvió para generar enorme malestar entre los ciudadanos que se dirigían a sus actividades normales. Si la manifestación hubiera sido masiva, seguramente que la opinión pública tendría una percepción diferente, pero al ver que eran apenas unos pocos los que bloqueaban las vías, queda la sensación de que únicamente los bochincheros participaron, mientras que los maestros más serios se quedaron en sus casas.
Era un riesgo para el Gobierno la movilización pactada con Joviel Acevedo porque de no lograrse una participación elevada de maestros, quedaría en evidencia que en la misma estaban participando los alborotadores de siempre y no los verdaderos educadores clamando por recursos para realizar su apostolado. En cambio, cuando grupitos poco representativos taponearon arterias principales sin que las autoridades hicieran nada, quedó demostrada la fragilidad de la expresión y el contubernio entre un sector pequeño y no muy distinguido del magisterio nacional con las autoridades de Gobierno.
Debemos reconocer que si ayer se hubieran volcado a las calles los educadores de Guatemala como una manifestación de genuino interés por asegurar los recursos para la educación, otro sería el panorama, porque eso hubiera significado un cambio de enorme importancia en el tradicional comportamiento de las fuerzas sociales a la hora de discutir públicamente el tema fiscal. Pero la presencia de piquetes que causaron enormes molestias a la población únicamente sirvió para aumentar el sentimiento de rechazo de la gente que tiene que ganarse con esfuerzo y dedicación la vida y que vio alterada su normalidad porque grupitos de personas repitiendo estribillos más que trasnochados les impedía circular libremente.
Por principio los movimientos de apoyo a un gobierno que causan molestia a los particulares tienen el camino cuesta arriba, pero más cuando no logran ser masivos sino únicamente reúnen a grupitos de revoltosos que terminan generando un absoluto repudio de la gente trabajadora. Esperar varias horas en un bloqueo genera expectativa y cuando uno se da cuenta que fueron cincuenta pelones los que causaron el alboroto, piensa en la falta de representatividad de un movimiento que altera tan radicalmente la vida cotidiana.
Lo menos que puede decirse es que los promotores y los organizadores de los bloqueos de ayer cometieron un grave error, porque lejos de despertar entre la gente simpatía hacia un gremio respetable como el magisterio, se pintaron como bochincheros dispuestos a fregar a la gente por prurito.