Sin responsabilizar al Presidente de la República, a los Ministros de Educación, Salud, Defensa y Gobernación, a los funcionarios y empleados gubernamentales, secretarías, iniciativa privada, o a los mercaderes de la educación privada; me pregunto con la mayor de las solemnidades: ¿A dónde vamos?
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¿Cuál será el futuro inmediato de los guatemaltecos?, si, el futuro económico, social, salud, trabajo e incluso el espiritual porque en todos esos rubros y otros más, se está atravesando una seria crisis de credibilidad; lo cual está haciendo que la juventud sea cada día más escéptica, materialista e indolente.
La confianza, la fe, la ilusión de vivir con mejores condiciones de vida se disipan cada día más y más; porque nuestra realidad muestra un mundo rudo, de supervivencia sobre la supervivencia de otros, donde los valores morales y religiosos van camino a la extinción.
Pero… ¿y de quién es la culpa? ¿quién o quiénes son los responsables de este descalabro social que estamos viviendo? Ya no se cree en el valor justicia porque algunos jueces y magistrados se encargaron de embaldonarlo de miasma con hedor a dólares nuevos para ingresar de manera súbita a estratos económicos inimaginables.
El dinero fácil, el menor esfuerzo, la trampa, el desfalco, la compraventa de voluntades, el fácil acceso a la narco chapina societé, la indolencia de padres y madres de familia en la formación de sus hijos, a quienes alimentan sin educarlos permitiéndoles conductas ilegales que les permiten acceder al mundo de las drogas; en fin, hay tanto por decir sobre el tema.
Las economías de mercado, el consumismo, la alienación, la incitación a poseer bienes y disfrutar de la dolce vita, la ausencia programática social y el afán de ser ricos en esta sociedad guatemalteca, mueve a la población a vivir en expectativas paranoicas; es decir, obsesivas por alcanzar metas económicas. «Suerte te dé Dios hijo, y que el saber nada te importe» parece ser uno de los principios mentales básicos de la juventud.
¿Cuáles son los lineamientos, fines y valores de la juventud actual en Guatemala? Es de suyo necesario que indaguemos, que retomemos el camino de la guía, que volvamos sobre nuestros pasos y caminemos con los hijos por lo menos para encauzarlos en los pocos valores éticos, morales y religiosos tradicionales que aún perduran en esta sociedad.
La responsabilidad de formar buenos ciudadanos no es sólo del Estado, también es de padres y madres de familia, religiosos, educadores, jueces y funcionarios y empleados que deben mostrar probidad en la ejecución de sus funciones como muestra de honradez y de dignidad como ejemplo de vida útil. ¿Quién querrá ser como los diputados Rubén Darío Morales y Eduardo Meyer?