La muerte del general Laugerud


El general Kjell Eugenio Laugerud Garcí­a, presidente de la República de Guatemala de 1974 a 1978, es una de esas figuras controversiales cuyo lugar en la historia reviste grandes matices. Desde muy joven, como oficial recién graduado de la Escuela Politécnica, fue dejando huella y en los acontecimientos del 2 de Agosto de 1954, cuando los cadetes se levantaron en armas contra el llamado Ejército de Liberación, fue de los oficiales jóvenes que en la Base Militar La Aurora dieron soporte y apoyo a los muchachos que trataron de levantar la bandera de la dignidad y que luego fueron ví­ctimas de engaño por el «mediador», arzobispo Mariano Rossell y Arellano.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

Pese a su definición en ese momento, tuvo una carrera militar destacada que lo llevó a ocupar los más altos cargos dentro del Ejército y siendo Ministro de la Defensa Nacional fue seleccionado por el gobierno y los partidos de Carlos Arana como candidato para las elecciones de 1974 en las que se enfrentó al general Rí­os Montt y al coronel Paiz Novales. Fueron esos comicios los primeros en los que se implementó el burdo fraude electoral y los resultados oficiales lo presentaron como ganador, no obstante que el triunfo lo habí­a obtenido el Frente de Oposición que postulaba a Rí­os. El Congreso, en elección de segundo grado, lo eligió Presidente de la República y mientras Rí­os Montt se iba a España abandonando la lucha, Laugerud era investido como mandatario.

Pero fue el terremoto de 1976 el que terminó legitimando su mandato porque es indiscutible que tuvo el temple y el liderazgo para dirigir la reconstrucción del paí­s y manejar eficiente y honestamente la ayuda internacional que se volcó en beneficio de los guatemaltecos. A diferencia de la corruptela que se dio en Nicaragua tras el terremoto y la misma que hubo en tiempos de Estrada Cabrera con el anterior gran sismo de Guatemala, cuando se perdió la escasa ayuda porque el tirano la almacenó sin distribuirla al pueblo, Laugerud dispuso que cada donante se hiciera cargo de administrar sus proyectos y bajo su conducción se coordinó todo el esfuerzo haciendo fluir efectivamente la ayuda.

En las elecciones de 1974 yo apoyé a Rí­os Montt y mi abuelo se volcó en apoyo a Paiz Novales porque siempre desconfió del carácter del general postulado por la oposición. Fue un feroz crí­tico de Laugerud en esa contienda electoral pero cuando éste asumió la presidencia lo buscó en varias ocasiones para pedirle consejo y siempre le mostró un trato afectuoso y de mucho respeto, iniciando una amistad que de alguna manera heredamos mi padre y yo.

En tiempos de Laugerud la prensa gozó de libertad, igual que los grupos sociales organizados tras el terremoto y en donde surgieron importantes liderazgos que fueron posteriormente más que diezmados en tiempos de Lucas Garcí­a. La masacre de Panzós constituye el mayor baldón de ese régimen en términos de respeto a los derechos humanos, pero Laugerud explicaba las circunstancias de esa matanza en la que decí­a no haber tenido participación porque se enteró del hecho consumado.

Laugerud era un hombre culto, de trato agradable y distinto al estereotipo del militar prepotente y matón. Creo que fue un buen mandatario con visión en temas como el de la electrificación (en su mandato se hizo el plan maestro para construir hidroeléctricas) y sobre todo en la reconstrucción tras el terremoto. Una figura como la suya será siempre controversial, pero así­ como muchos tienen razones para vilipendiarlo, otros tenemos las nuestras para apreciarlo y sentir su pérdida. Descanse en paz el general Laugerud.