El mayor proceso jamás organizado sobre el drama del amianto, en el que están implicados dos ex dirigentes del grupo Eternit, acusados de ser responsables de la muerte de 2.000 personas en Italia, se inició hoy en Turín ante cientos de familiares de las víctimas.
Los dos acusados, el ex propietario de la multinacional suiza de materiales de construcción, el millonario suizo Stephan Schmidheiny, y el dirigente belga barón Jean-Louis Marie Ghislain de Cartier de Marchienne, no asistieron a la audiencia, mientras familiares, amigos e inclusive enfermos se agolpaban ante el tribunal.
Las autoridades judiciales tuvieron que abrir cuatro salas para alojar al público así como a los cerca de 150 abogados y sus colaboradores, periodistas, familiares, sindicalistas, alcaldes y concejales de las zonas afectadas.
Unas mil personas manifestaron ante el tribunal para pedir justicia y solicitar normas severas para el uso de materiales peligrosos.
La investigación judicial, abierta hace cinco años, considera a los dos acusados como responsables directos de la gestión de Eternit Italia, por lo que decidió juzgarlos por los delitos de catástrofe ambiental y violación de las reglas de seguridad laborales.
Los dos dirigentes corren el riesgo de ser condenados a penas que van de 3 a 12 años de cárcel y a pagar millonarias indemnizaciones a los familiares de las víctimas. Schmidheiny ha compensado ya a unas 1.500 víctimas.
Han sido acusados de haber provocado la muerte de 2.000 personas y la enfermedad a otras 800, todos empleados o habitantes de Casale Monferrato y Cavagnolo (en la región de Turín, norte), Rubiera (norte) y Bagnoli (sur), ciudades en donde el grupo tenía sus fábricas.
La filial italiana de Eternit quebró en 1986, seis años antes de que el amianto fuera prohibido.
La primera audiencia fue dedicada a la constitución de las partes civiles, una lenta labor burocrática ya que podrían ser 2000.
Se trata de la primera vez que en Europa un colegio de abogados internacionales provenientes de Francia, Bélgica, Suiza y Alemania trabaja en un juicio por daños ambientales.
«Queremos un poco de justicia y ser ejemplo para los demás», aseguró Paola Bastianello, de Cavagnolo, quien perdió en 1984 al padre, obrero de Eternit.
«Queremos que sean condenados por lo que han hecho, que la palabra justicia tenga sentido», declaró Maria Assunta Prato, cuyo marido, simple habitante de Casale Monferrato, murió a los 49 años.
Se trata del mayor juicio organizado hasta ahora por el amianto, un mineral fibroso –del que el asbesto es una variante de fibras más duras– que organismos médicos internacionales acusan de provocar cáncer con una elevada mortalidad.
Desde hace décadas se ha prohibido su uso en todos los países desarrollados, aunque sigue siendo utilizado en algunos países en vías de desarrollo.
«Es una jornada dramáticamente importante para la región Piamonte, un día histórico para la justicia y para la defensa de los ciudadanos frente al lucro y el desprecio de la salud y la civilización», comentó la presidente de la región Piamonte, Mercedes Bresso.
«Es un juicio clave, la primera vez que se celebra uno así en el mundo», comentó el abogado francés Jean-Paul Teissonnií¨re, entre los expertos extranjeros que colaboran con las partes civiles.
Como gesto de solidaridad, numerosas víctimas del amianto en Francia y Suiza asistieron a la audiencia y aprovecharon para denunciar la muerte de sus compañeros de trabajo cuyas fotos exhibían en pancartas colgadas al cuello.
«Eternit les regaló la eternidad», recitaba una de ellas.
«Este juicio debe servir de ejemplo para Francia», subrayó Alian Guerif, presidente de la asociación francesa de víctimas del amianto, quien reclama sin éxito un juicio penal en su país para los responsables de haber introducido el amianto en los materiales de construcción.