Disparates en torno a la reunión en Copenhague


Usted estará enterado que el pasado lunes se inició en la capital de Dinamarca la Conferencia de la ONU sobre el Clima, en la que decenas de jefes de Estado y de Gobierno, así­ como cientos de cientí­ficos y expertos, al igual que numerosos activistas ambientalistas están deliberando para establecer un acuerdo que, para decirlo con palabras sencillas, determine cómo se dividirá la tarea de combatir el calentamiento global y la forma de compartir responsabilidades entre todos los paí­ses del planeta, especialmente las naciones industrializadas, que son las que más generan  gases de efecto invernadero.

Eduardo Villatoro
eduardo@villatoro.com

Cualquier persona razonable que esté relativamente consciente de los efectos catastróficos que esperan a la humanidad, especí­ficamente a nuestros nietos y demás descendencia, abrigará alguna esperanza, por leve que sea, en el sentido de que polí­ticos y cientí­ficos logren consensos para arribar a un acuerdo que sustituya el inoperante Protocolo de Kyoto, que fenece en 2012 y que ha sido un fracaso como consecuencia de que Estados Unidos es la única gran potencia que se ha negado a ratificarlo, de manera que no han cumplido con sus responsabilidades de disminuir la emisión de gases contaminantes.

Sin embargo, no faltan grupos de personas con el cerebro atrofiado que después de muchos años de haber concluido la Guerra Frí­a, siguen viendo comunistas hasta en las historietas de Mafalda, como el caso de un tal lord Christopher Monckton, aparentemente de origen inglés y craso ignorante en materia de cambio climático, quien habrí­a vertido esperpénticas declaraciones el pasado 14 de octubre sobre la Conferencia de Copenhague, cuyo estrambótico contenido no lo conocí­ hasta hace pocos dí­as, mediante un correo que me envió un cándido lector.

El caso es que ese desconocido británico expuso sus desatinadas declaraciones en una conferencia que habrí­a pronunciado en el Bethel Collage, y que intentaré resumirlas, respetando la ortografí­a e incongruencia gramatical: «El próximo diciembre en Copenhague -inicia el texto- un tratado será firmado. USA lo firmará, los paí­ses del tercer mundo que necesitan dinero lo firmarán, los paí­ses desarrollados lo firmarán, nadie dejará de firmarlo. Yo he leí­do ese tratado, y lo que dice ese tratado es lo siguiente:

«Que el gobierno mundial será CREADO. El segundo propósito del Tratado es la TRANSFERENCIA DE RIQUEZA de los paí­ses occidentales a los del tercer mundo y el tercer apartado está dedicado a la aplicación de la ley. ¿Cuántas veces aparece en el tratado de 200 páginas (sic), las palabras referéndum, democracia, elecciones o algo similar? Ninguna»Â 

El siguiente párrafo hace aparecer al señor Raúl Minando Ayau columnista de elPeriódico, como audaz paradigma de las corrientes más avanzadas del pensamiento, y a cierto lector y asiduo colaborador de La Hora cual osado defensor radical de las causas populares más extremistas, puesto que el citado lord británico asegura sin ningún asomo de pudor: «Podemos ver ahora claramente que lo que van a hacer es imponernos un mundo comunista».

Para sustentar tan estrafalaria tesis, dirigiéndose al pueblo norteamericano, asevera: «Tenéis un presidente que simpatiza mucho con esa ideologí­a, y él por supuesto va a firmarlo». El convenio, pues. Más adelante advierte: «Si ese tratado es firmado en las próximas semanas, vuestro presidente se llevará vuestra democracia, vuestra libertad y vuestra prosperidad (¿hacia dónde? pregunto yo) y no habrá otro gobierno o poder elegido capaz de recuperarlo jamás». Y para terminar semejante esperpento afirma: «He leí­do ese tratado y lo que dice sobre la muerte planificada» ¡Cuántos disparates en pocas lí­neas!

(Mi sentido pésame al licenciado Federico Linares Martí­nez, dos veces presidente del Banco de Guatemala, y a sus hermanos y demás familia, por el sensible fallecimiento de su madre, la apreciada señora Enriqueta Martí­nez de Linares).