Usted estará enterado que el pasado lunes se inició en la capital de Dinamarca la Conferencia de la ONU sobre el Clima, en la que decenas de jefes de Estado y de Gobierno, así como cientos de científicos y expertos, al igual que numerosos activistas ambientalistas están deliberando para establecer un acuerdo que, para decirlo con palabras sencillas, determine cómo se dividirá la tarea de combatir el calentamiento global y la forma de compartir responsabilidades entre todos los países del planeta, especialmente las naciones industrializadas, que son las que más generan gases de efecto invernadero.
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Cualquier persona razonable que esté relativamente consciente de los efectos catastróficos que esperan a la humanidad, específicamente a nuestros nietos y demás descendencia, abrigará alguna esperanza, por leve que sea, en el sentido de que políticos y científicos logren consensos para arribar a un acuerdo que sustituya el inoperante Protocolo de Kyoto, que fenece en 2012 y que ha sido un fracaso como consecuencia de que Estados Unidos es la única gran potencia que se ha negado a ratificarlo, de manera que no han cumplido con sus responsabilidades de disminuir la emisión de gases contaminantes.
Sin embargo, no faltan grupos de personas con el cerebro atrofiado que después de muchos años de haber concluido la Guerra Fría, siguen viendo comunistas hasta en las historietas de Mafalda, como el caso de un tal lord Christopher Monckton, aparentemente de origen inglés y craso ignorante en materia de cambio climático, quien habría vertido esperpénticas declaraciones el pasado 14 de octubre sobre la Conferencia de Copenhague, cuyo estrambótico contenido no lo conocí hasta hace pocos días, mediante un correo que me envió un cándido lector.
El caso es que ese desconocido británico expuso sus desatinadas declaraciones en una conferencia que habría pronunciado en el Bethel Collage, y que intentaré resumirlas, respetando la ortografía e incongruencia gramatical: «El próximo diciembre en Copenhague -inicia el texto- un tratado será firmado. USA lo firmará, los países del tercer mundo que necesitan dinero lo firmarán, los países desarrollados lo firmarán, nadie dejará de firmarlo. Yo he leído ese tratado, y lo que dice ese tratado es lo siguiente:
«Que el gobierno mundial será CREADO. El segundo propósito del Tratado es la TRANSFERENCIA DE RIQUEZA de los países occidentales a los del tercer mundo y el tercer apartado está dedicado a la aplicación de la ley. ¿Cuántas veces aparece en el tratado de 200 páginas (sic), las palabras referéndum, democracia, elecciones o algo similar? Ninguna»Â
El siguiente párrafo hace aparecer al señor Raúl Minando Ayau columnista de elPeriódico, como audaz paradigma de las corrientes más avanzadas del pensamiento, y a cierto lector y asiduo colaborador de La Hora cual osado defensor radical de las causas populares más extremistas, puesto que el citado lord británico asegura sin ningún asomo de pudor: «Podemos ver ahora claramente que lo que van a hacer es imponernos un mundo comunista».
Para sustentar tan estrafalaria tesis, dirigiéndose al pueblo norteamericano, asevera: «Tenéis un presidente que simpatiza mucho con esa ideología, y él por supuesto va a firmarlo». El convenio, pues. Más adelante advierte: «Si ese tratado es firmado en las próximas semanas, vuestro presidente se llevará vuestra democracia, vuestra libertad y vuestra prosperidad (¿hacia dónde? pregunto yo) y no habrá otro gobierno o poder elegido capaz de recuperarlo jamás». Y para terminar semejante esperpento afirma: «He leído ese tratado y lo que dice sobre la muerte planificada» ¡Cuántos disparates en pocas líneas!
(Mi sentido pésame al licenciado Federico Linares Martínez, dos veces presidente del Banco de Guatemala, y a sus hermanos y demás familia, por el sensible fallecimiento de su madre, la apreciada señora Enriqueta Martínez de Linares).