No una sino mil veces he oído la expresión de gente que desesperada ante el cúmulo de acontecimientos que ocurren a diario, dice: -Ojalá reviviera Ubico y entonces los anarquistas verían lo que es bueno, sólo él los ponía en cintura, porque aparte que metía presos a los bochincheros, les daba su buena apaleada, pues sólo así, no les volvían a dar ganas de no cumplir con lo que la ley manda. Si usted es un apasionado amante de los derechos humanos, un fervoroso demócrata o avanzado modernista, de los que dice que las calles son públicas en donde el pueblo puede hacer lo que le ronca la gana, seguramente me criticaría a morir porque ¿cómo se le ocurre a este cagatintas tan sólo mencionar al General Jorge Ubico, cuando esa época ya pasó y ahora vivimos bajo el régimen de un auténtico socialdemócrata?
Con el perdón de estos fanáticos, los equivocados son ellos. Las leyes se hicieron para cumplirlas y así como conceden derechos, también dictan que los ciudadanos tenemos obligaciones. Es que las calles no son libres para hacer lo que mejor se nos antoje, éstas son de servicio público y eso no significa que podamos hacer cuanta cosa se nos ocurra, desde hacer nuestras necesidades fisiológicas, tirar basura, poner barricadas, topes o barreras para impedir la libre locomoción de la ciudadanía, mucho menos para arrastrar gente que supuestamente haya cometido cualquier tipo de delito y luego darle penca hasta dejarlo moribundo, para luego, rematarlo rociándolo de gasolina y luego prenderle fuego. No, disculpen, el ser humano ni es chirivisco, ni basura, ni piñata para quemarlo un siete de diciembre, so pretexto de sacarle el diablo.
¿Saben qué es lo peor de todo? Que las autoridades siguen siendo las primeras en consentir, proteger y hasta incitar a que cualquiera, con el pretexto que mejor se le antoje, salga a las calles a cometer cualquier clase de delito impunemente. Así como se lee y escribe. Los colaboradores del Presidente o él mismo son los primeros en salir disparados a convencer de manera poco ortodoxa a los alcaldes y cuanta gente esté disponible para que manifiesten sus deseos porque se pongan más impuestos; fuerzan a los mal llamados líderes sindicales a que bloqueen carreteras y hagan desfiles dizque para pedir que los ricos paguen más impuestos porque tienen más, cuando son los primeros en trasladarlos a los consumidores de sus productos y servicios. ¿Qué tal? Mientras tanto, el agricultor que anda a tres menos cuartillo no puede llevar sus productos a los mercados; el mensajero no pueda llevar la encomienda; el chofer del tráiler no puede cobrar sus emolumentos, mientras no entregue el flete encomendado por el transportista y usted y yo no sabemos qué hacer para cumplir con nuestras obligaciones diarias. ¿Entonces? No se vayan a quejar mañana, cuando venga otro «don Jorge» a apretarnos las clavijas.