Declaraciones molestas


¿Amigos a la greña? A la pareja que forman Elton John y David Furnish no parece haberles hecho mucha gracia las alusiones del cantante George Michael a las tendencias paternalistas de Elton John en una larga entrevista publicada este fin de semana por The Guardian. «Elton no estará feliz hasta que yo llame a su puerta a media noche diciendo «Por favor, por favor ayúdame, Elton. Llévame a desintoxicarme». Eso es algo que no va a ocurrir», declaró Michael, que se quejaba de los repetidos intentos de la pareja por ayudarle a superar lo que el propio cantante ni siquiera ve como un problema: su adicción al sexo y su gusto por ciertas drogas.


«El problema para Elton y para mí­ es que muchos amigos de George nos siguen llamando y diciéndonos: «Tenéis que hacer algo, George va por mal camino, está mal». No hacemos más que reaccionar a lo que sus amigos más cercanos nos dicen», se defendió ayer David Furnish en una entrevista difundida por BBC Radio 5 Live. «Pero si George cree que no necesita ayuda y que su vida está bajo control y es equilibrada, quizás sus amigos estén equivocados. Hace mucho tiempo que no le veo y es difí­cil hacer un juicio de valor y emitir una opinión», añadió el compañero sentimental de Elton John. «Respeto a George, le quiero y creo que tiene un gran talento. Sólo espero que esté bien, que sea feliz y que siga siendo el gran artista que es», concluyó Furnish.

En la entrevista, George Michael defiende su modo de ser, su gusto por el sexo anónimo a campo abierto y en lugares públicos. Y también su gusto por el cannabis y sus experiencias con drogas como el crack. Pero asegura que consume menos de lo que explican los medios y subraya que jamás ha dado positivo en un control de alcoholemia y que sus paraí­sos artificiales jamás han afectado su trabajo. «Ni siquiera veo esas cosas ya como una debilidad. Simplemente soy así­», afirma en la entrevista.

Michael admitió públicamente su homosexualidad en 1998, cuando el mundo entero supo que habí­a sido detenido en California por intentar seducir en unos lavabos públicos a un policí­a de paisano. En lugar de arrugarse por el mal trago de ver aireados detalles tan í­ntimos hizo un divertido videoclip en el que se mofaba de la obsesión de la policí­a norteamericana con el sexo y que culminaba con un controvertido y apasionado beso entre dos hombres con el uniforme policial.