Nunca antes ningún gobierno había decidido apelar a la movilización social para impulsar una reforma fiscal, moderada o profunda, y es el régimen del presidente Colom el primero que adopta ese camino porque se propuso imponer los tributos sin negociarlos como históricamente se ha tratado de hacer, con la cúpula del sector empresarial. Para mañana agrupaciones sociales afines al Gobierno y los alcaldes del país, se proponen realizar una demostración de fuerza ante el Congreso de la República para presionar a fin de que los diputados se decidan a aprobar el paquete fiscal propuesto por el Gobierno.
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No puede negarse la audacia de la medida y, creo yo, tampoco se puede poner en duda su eficacia, porque la presión hará que los diputados reúnan los votos suficientes para aprobar, sin mucho trámite, la propuesta que persigue elevar la recaudación fiscal mediante el aumento de algunos impuestos y la creación de otro, concretamente el de la telefonía móvil, que ha generado abundante controversia.
En realidad todo el tema fiscal ha sido siempre polémico en nuestro país y los Gobiernos generalmente han tenido que aceptar arreglos que son literales parches para rellenar agujeros fiscales. En el caso presente es el mismo Gobierno el que propuso un parche para lograr exactamente ese objetivo, porque lo que ha propuesto no se puede considerar como una reforma tributaria en el sentido correcto del término. Podría pensarse, en esa línea, que a lo mejor están gastando pólvora en zanates porque es mucha movilización para una modificación tan poco relevante de cara a las necesidades reales del país en materia fiscal.
Sin embargo hay que ver que se trata de la víspera de otros pulsos más trascendentes e importantes porque todo esto tiene mucho que ver con la forma en que se está calentando ya el cotarro electoral. Si vemos los impuestos que están en juego y el monto de lo que se pretende recaudar con la aprobación del paquete, veremos que es algo sumamente modesto y que no llevará la carga tributaria ni siquiera al monto pactado en los Acuerdos de Paz.
Pero el Gobierno sabe que los grupos opositores, que utilizan el tema de la corrupción como caballito de batalla para objetar toda reforma fiscal, no tienen capacidad de movilizar fuerzas comparables a las que mañana van a manifestar su respaldo no sólo al paquete tributario, sino también al Gobierno por su política en el campo de lo que llaman cohesión social.
Y es una lástima, en verdad, que los guatemaltecos en general seamos tan indiferentes y reacios porque así como ahora una fuerte movilización es capaz de poner en aprietos a los diputados y alinearlos para que asuman una postura, lo mismo podría hacer la sociedad si quisiera exigir de sus autoridades actuaciones más responsables.
Movilizaciones sociales en pos de la transparencia podrían hacer milagros para empezar a componer al país. No digamos lo que podríamos lograr los ciudadanos para obligar a las autoridades a cumplir con su mandato de garantizar la seguridad de las personas si tan sólo los chapines nos sacudiéramos de la modorra y la sangre de horchata. En fin, el ejemplo de la importancia de una participación en movilizaciones lo está dando el Gobierno. Ojalá que el ciudadano sepa tomarlo en cuenta para fortalecer el civismo en nuestro país.