«Gracias a la conciencia del pueblo es posible cambiar Bolivia en base al voto del pueblo.»
Evo Morales, presidente de Bolivia.
Evo la tenía segura. Todas las encuestas de proyección de voto que fueron publicadas en los medios de comunicación previamente a las elecciones del domingo pasado, le daban la victoria con una amplia ventaja sobre el candidato de la derecha, Manfred Reyes Villa.
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En Bolivia las acciones por la construcción del socialismo van con viento a favor, a pesar de la resistencia de la más reacia derecha concentrada en la llamada «Media Luna». Precisamente, en tres departamentos que conforman esa región -Santa Cruz, Beni y Pando-, Evo no logró la mayoría de los votos, pero el apoyo que recibió en el resto del país fueron suficientes para declararse ganador de la presidencia, con el 63 por ciento de los votos registrados. Mientras, Reyes Villa, candidato por Plan Progreso Bolivia-Convergencia Nacional (PPB-CN), obtuvo el 28 por ciento de los votos.
Como lo señala Antilio Borón, Evo es el presidente más poderoso en la historia de Bolivia, ya que logró, además de una amplia mayoría de los votos, una mayoría en la Asamblea Legislativa Plurinacional y el Senado. Es significativo, además, que Evo ganó la presidencia para su primer período con el 53% de los sufragios, y en las elecciones del domingo este porcentaje se incrementó en 10 puntos.
Este abrumador apoyo a la reelección de Evo Morales es muestra de la vigencia de una propuesta económica y política alternativa al capitalismo y al neoliberalismo, que se opone al entreguismo de los recursos naturales y de los intereses de las grandes corporaciones trasnacionales.
En el Movimiento al Socialismo (MAS) y en su líder, Evo Morales, se unen dos propuestas necesarias para la región latinoamericana y especialmente para Guatemala: la construcción de un Estado con un pleno reconocimiento y representación de los pueblos indígenas.
En Bolivia fue necesaria la reforma a la Constitución Política de la República, pero hacia un sentido más social, para reconocer al Estado como Plurinacional. Las acciones políticas que ha implementado el gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS) liderado por Evo Morales, es congruente con su discurso de «trabajar para alcanzar la dignidad e igualdad del pueblo boliviano».
Pero que no haya confusiones: la igualdad de la que habla Evo no es la misma a la que hacen referencia con bombos y platillos los «libertarios» de Guatemala. No se trata del cuento de la igualdad ante la ley, que únicamente ha generado su contraparte, la desigualdad y la miseria de la mayoría de la población, principalmente en los pueblos indígenas.
En Bolivia, con la nueva Constitución impulsada por el MAS, se acabó con el latifundio, se reconoció al sistema jurídico indígena y se estipularon cuotas mínimas de representación en el Parlamento para los pueblos originarios. El reto para Evo ha sido demostrar que el socialismo es una propuesta vigente en nuestros días, para atender a la población más vulnerable de acuerdo a sus necesidades.
Y ante el apoyo recibido, Evo declaró que «ahora tenemos la enorme responsabilidad con Bolivia, con la vida y la humanidad de profundizar este proceso. Más de dos tercios del Congreso me obliga a acelerar este proceso revolucionario».
Así que no nos vengan con el cuento del «populismo» y de la «demagogia» para catalogar a los gobiernos de izquierda en la región latinoamericana. El capitalismo, en la forma en que lo hemos sufrido durante las últimas dos décadas, no es la única opción para la sociedad. Este sistema ha demostrado que ocasiona violencia, exclusión y discriminación para la mayoría de la población.
Pero en Bolivia, al igual que en otros países de Latinoamérica, como recientemente sucedió en Uruguay con la elección de Pepe Mujica como presidente, el electorado ha demostrado que las propuestas de la derecha ya no interesan tanto. Sí, todavía reciben apoyo, pero ahora es el mínimo, porque cada vez somos más quienes «decimos no al elogio de la muerte y el dinero».
*Titular tomado del diario Página12 de Argentina.