Todo parece indicar que el chantaje se ha vuelto cosa común en nuestra forma de hacer política en Guatemala. Un medio de comunicación no puede criticar, en ejercicio de la libre emisión del pensamiento, sin que el gobierno de turno le suspenda de inmediato las órdenes de publicidad para forzarlo a seguir sus lineamientos; partidos políticos se acercan al Gobierno para ofrecer los votos de sus diputados a cambio de privilegios y ventajas; el Gobierno compra líderes sindicales por prebendas y así pudiera seguir relatando muchos casos más de una politiquería interminable. ¿Dónde quedaron los valores y principios?, ¿vamos a seguir en tal decadencia, que tendremos que recurrir a entidades como la del CICIG para que vengan a planificar, recomendar y hacer todas las cosas por nosotros?
Hace poco, sin rubor alguno y a través de columnas de prensa nos enteramos que un partido político a cambio de votar al lado de la UNE en decisiones importantes para el oficialismo, había logrado el subsidio al Transmetro, el asfalto para varias importantes arterias de la capital y hasta aportes para sus bomberos. ¿En dónde quedó entonces la función política en busca del bien común y no solo gobernar a través de componendas basadas en chantajes cada vez más sucios y corrompidos?
Si tú me das yo te doy. ¿Este es el lineamiento político, ético y moral de quienes son depositarios de la autoridad delegada por el pueblo? ¡Hombre! Con razón andamos tan mal. Me podrán calificar de ser alguien que viene de acarrear pijijes, de ser idealista a ultranza o de cualquier otra cosa, pero me resisto a aceptar que nuestro bello y hermoso país lo sigan gobernando de manera tan sucia y deleznable. Por lo visto, la porquería no solo está destruyendo al «lago más bello del mundo» sino que está socavando los cimientos de nuestra sociedad al punto de provocar el derrumbe total de la misma.
Y todo esto sigue ocurriendo a la vista de todos porque seguimos dejando hacer y dejando pasar o dicho en buen chapín, haciéndonos los babosos para que la casta política continúe saqueando el erario nacional y corrompiendo hasta lo más sagrado, como es la familia, pilar de la humanidad. A lo mejor tengo flojas varias tuercas de la cabeza, pero creo que hay que sentar las bases urgentemente para que si alguien tiene aspiración de ocupar un cargo de elección popular debe prepararse bien, demostrar honradez y capacidad, someterse a una legítima elección primaria del partido u organización política, para que sea la población, directamente, la que le otorgue sus votos. De seguir bajo el imperio de comprar voluntades, negociar condiciones y someterse al mejor gusto de los clientes, porque al fin y al cabo ellos siempre son los que mandan, es caer en la prostitución o si se quiere decir más elegantemente, en el frío y escabroso clientelismo y mercantilismo.