El cambio de autoridades en el Organismo Judicial supuso para la población la esperanza de que los nuevos jueces y magistrados encargados de aplicar justicia, principiaran a emitir fallos acordes a las circunstancias que se derivan de los procesos; sin embargo… hemos tenido un mal principio con el fallo aplicado al diputado involucrado también, en el escamoteo de los 82 millones del Congreso de la República.
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Como una burla más al pueblo de Guatemala fue tomado el fallo proferido a favor del diputado, quien apareció en las portadas de los periódicos luciendo una cara de burla y de satisfacción; como diciendo: ya ven, a mí no me pueden hacer nada. La desfachatez con que se ríe ilustra de manera inequívoca su desdén por la justicia.
Así han sido todos aquellos funcionarios que han sido acusados, apresados y conducidos a prisión; la mayoría se han salvado «refugiándose» en hospitales privados y militares, donde han pasado varios días y hasta meses evitando su comparecencia en los juzgados respectivos.
A la vez, el contubernio de los juzgadores o de las juzgadoras para imponer fianzas económicas risibles en relación a la cuantía del asunto, permite también formarse una figura asqueante y nauseabunda de quien emite dicha clase de fallos. COYOTES DE LA MISMA LOMA, quien recibe y quien ofrece, ambos, burlándose de la justicia, o por lo menos del procedimiento judicial que persigue en sí, castigar a los ladrones.
En pocas palabras, ¿principió la «talacha judicial» de jueces y magistrados? ¿Cuántos millones lograrán reunir en sus próximos años de impartir justicia pronta y cumplida, a cambio de fallos alejados de las circunstancias procesales?
Pero no todos son iguales -gracias a Dios-, aún debe existir gente proba que haga honor a su buen nombre; para otros el haber llegado a ocupar lugar tan significativo en el andamiaje judicial, es sólo un paso más en su carrera por amasar fortunas en nombre de lo justo, decente y correcto, lo cual parece que les viene sobrando.
La incontenible ola de «desvalorización» que afecta a la sociedad guatemalteca en casi todos sus estratos, es como un libro de texto que los guatemaltecos leemos todos los días; vemos publicaciones y programas televisivos que nos inducen a «ser» como otras personas en otras sociedades y en ese afán nos envuelve el consumismo que nos obliga a tener los bienes materiales que no están a nuestro alcance.
De allí, la comisión de toda clase de delitos en procura del dinero para obtener los satisfactores de manera fácil; no sólo en sectores desposeídos, también los hijos de papi y mami son ladrones que después serán amparados y protegidos por los jueces o por las juezas.
La labor de impartir justicia DEBE ser sagrada, es un privilegio social al cual acceden pocas personas, por lo que, en honor a al a verdad, deberían ejecutarla o conjugarla tal como debe ser.