Otra vez los linchamientos


Ayer escuchaba el reporte que hací­an en Emisoras Unidas sobre los sucesos de Panajachel, donde una turba sin control linchó a una persona y tuvo en vilo a tres mujeres a las que también pretendí­an pegar fuego por considerar que habí­an participado en un robo en la localidad. Eran patéticas las expresiones de angustia de los corresponsales al relatar el comportamiento irreflexivo de la multitud que pegó fuego a auto patrullas y agredió no sólo a esas cuatro personas sino a la fuerza pública y a cualquiera que tratara de hacerlos entrar en razón.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

El encargado de manejar la información en la cabina central de la emisora calificó apropiadamente como acto de salvajismo lo que estaba ocurriendo, pero de inmediato radioescuchas se empezaron a comunicar con la radio para decir que eran acciones correctas las que tomaban los pobladores para tomar la justicia por propia mano. El periodista que dirigí­a la información dijo que no somos un pueblo de salvajes, que para eso están las instituciones públicas, empezando por la Policí­a Nacional Civil, los fiscales del Ministerio Público y los tribunales de Justicia llamados a conocer de esos casos. Reiteraba que somos un pueblo de leyes, de normas que regulan la vida en sociedad y que no podemos caer en esos excesos bárbaros que denigran a quienes los cometen y que pueden costar la vida a inocentes, además de que no hay proporción entre el daño causado y el castigo que imponen las turbas que es siempre de muerte.

Pensaba yo que ojalá muchos policí­as, fiscales y jueces estuvieran oyendo lo que decí­a el locutor de la radio, puesto que cabalmente porque esos pilares del sistema de justicia no cumplen con su deber es que hemos caí­do en la barbarie que hace que turbas irreflexivas decidan actuar por cuenta propia en un equivocado, pero comprensible esfuerzo por aplicar la justicia que nos niega el sistema, que nos niegan las autoridades.

En dí­as recientes he escuchado numerosos comentarios de personas que creen que los guatemaltecos nos debemos organizar como ángeles justicieros para actuar contra los grupos de delincuentes motorizados que aterrorizan a la población y que proliferan en estos dí­as prenavideños. Gente que piensa que no hay otro remedio que aplicar la limpieza social ya que las autoridades, sabiendo dónde y cómo actúan, simplemente se hacen de la vista gorda y los dejan proceder con la mayor impunidad.

Siempre he sido crí­tico de los linchamientos y de la limpieza social porque estoy convencido de que al no tener capacidad de defensa, muchos inocentes pueden terminar siendo ví­ctimas de esa vindicta pública en extremo violenta. Lamentablemente hay que decir que las autoridades son las culpables del desmadre porque la población se siente acorralada por la ausencia de ley y de justicia.

Los pobladores de Panajachel gritaban que están hartos de ver que cuando un delincuente es apresado, a las pocas horas ya se encuentra libre y sin problema legal alguno. Los policí­as les explicaban que no es problema de ellos sino de los tribunales, pero al final la gente no anda viendo quién se la debe, sino quién se la paga. Y mientras nuestro sistema no mejore y principiemos a tener certeza en la impartición de justicia, no nos sorprendan ni éstas ni otras formas de venganza popular contra quien sea o parezca delincuente.