Los rumanos elegirán el domingo entre el presidente saliente de centroderecha Traian Basescu y el socialdemócrata Mircea Geoana para dirigir el país en los próximos cinco años y aplicar las reformas esenciales para sacar a Rumania de la crisis.
Traian Basescu, un ex capitán de la marina de 58 años, ganó con 32,44% de los votos la primera vuelta de la elección presidencial rumana, el pasado 22 de noviembre, superando por escaso margen a su rival socialdemócrata Mircea Geoana, con 31,15%.
Un sondeo publicado el martes por el Instituto INSOMAR da como ganador a Geoana, con 54% de los votos. Basescu, por su lado, asegura que la victoria será para él con 53% de los votos.
En el papel, los cálculos parecen no obstante favorables a Geoana, un ex ministro de Relaciones Exteriores de 51 años, quien recibió el apoyo de los principales candidatos derrotados en la primera vuelta, entre ellos el liberal Crin Antonescu, tercero con 20% de los votos.
Obviando sus divergencias ideológicas, los socialdemócratas y los liberales de derecha sellaron su nueva alianza, prometiendo gobernar juntos en base a un programa que combina «igualdad social» y «dinamismo económico».
Estas dos formaciones de oposición han reiterado igualmente su intención de nombrar al alcalde de Sibiu, y miembro de la minoría germanófona, Klaus Iohannis, en el cargo de primer ministro.
Una decisión que ha sido elogiada por el partido de la comunidad magiar (UDMR) que se ha sumado a Geoana, así como el partido de ultraderecha de la Gran Rumania (PRM) y el del ostentoso dirigente del equipo de fútbol Steaua Bucarest, Gigi Becali.
Aislado en la escena política y estigmatizado por una parte de los medios de comunicación, Basescu ha afirmado por su parte que se niega «a negociar con los partidos» con miras a obtener sus votos, añadiendo que sus únicos aliados «son los rumanos».
Si es reelegido espera agrupar nuevas alianzas en torno a su Partido demócrata-liberal (PDL, en el poder), mientras preconiza la formación de un polo de derecha que incluya a los liberales.
Sea cual fuere, el próximo gobierno tendrá que tomar rápidamente las riendas del país, administrado desde mediados de octubre por un ejecutivo venido a menos, e imponer las reformas esperadas por los proveedores de fondos.
La primera urgencia será la adopción del presupuesto para 2010, el cual prevé una reducción del déficit mediante una reducción del sector público.
Si este proyecto no se llevara a cabo, el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Unión Europea y el Banco Mundial aplazarían el pago de nuevas cuotas de su préstamo, de un monto global de 20.000 millones de euros, lo que asestaría un duro golpe a las finanzas exangí¼es del país.
Geoana, que asegura que respetará las obligaciones impuestas por el FMI, promete que «los funcionarios públicos conservarán sus empleos» mientras que «el nivel de los salarios y de las pensiones de jubilación será mantenido».
Según el representante de Rumania ante el FMI, Mihai Tanasescu, una negociación con el FMI sobre el acuerdo firmado en marzo «es posible, pero el efecto debe ser el mismo, es decir la consolidación a largo plazo de las finanzas públicas».
También está pendiente la modernización del sistema judicial y la lucha contra la corrupción, supervisadas de cerca por Bruselas.
«La reforma económica continuará, bien o mal, pero lo que más problemas plantea es la reforma de la justicia», declaró a la AFP el analista político Iosif Boda.