Buenas enseñanzas dejó Zelaya para la casta polí­tica


Van a pasar muchos años, incluso siglos, para que los polí­ticos lleguen a olvidar aquella célebre frase de Abraham Lincoln: «-se puede engañar a alguna gente todo el tiempo. Se puede engañar a toda la gente durante algún tiempo. Pero «no se puede engañar a toda la gente, todo el tiempo…» Estoy seguro que cientos, si no miles de polí­ticos han tenido que refrescarla en su memoria para no cometer torpezas, que tarde o temprano tendrán que pagar con las más duras consecuencias. Las actitudes y el comportamiento de «Mel» Zelaya cuando pretendió violar las normas constitucionales de su paí­s con el fin de reelegirse, sirvieron para demostrar una vez más la sapiencia del mensaje de Lincoln y sobre todo, hizo recordar a los polí­ticos del mundo, incluso a los de Guatemala, que más vale pensar dos veces aquellas decisiones contrarias a la legislación vigente, como las que pretenden pasarse de listos.

Francisco Cáceres Barrios

Las elecciones generales llevadas a cabo en el vecino paí­s el domingo pasado, demostraron que el llamado «golpe de Estado hondureño» no se produjo por la sola voluntad de «gorilas militares» o «las fuerzas oscurantistas de la derecha recalcitrante», lenguaje que acostumbran emplear tantos demagogos como oxidados izquierdistas, sino que fue una acción firme y enérgica de gente trabajadora, honesta y decidida a dejar de ser la masa indiferente o contemplativa de siempre, a pesar de estar apreciando burdas intenciones para violar normas claras y contundentes.

No voy a cansar a mis pocos lectores con repetir en este comentario las reiteradas mentiras de Zelaya, las que tuvimos que aguantar a través de los servicios de comunicación bien orquestados para el efecto. Baste recordar brevemente sus í­nfulas de que el pueblo lo iba a llevar en hombros para restituirlo en el poder al nomás poner un pie en suelo catracho. ¿Y qué me dicen de aquella amenazadora advertencia de que a su primer grito de rechazo al proceso electoral lo iba a detener con el apoyo incondicional de su pueblo porque masivamente se negarí­a a concurrir a las urnas el dí­a de las elecciones? Aunque usted estimado lector se resista a creerlo, Zelaya fue un gran educador que merece un premio internacional como reconocimiento a sus méritos pedagógicos a favor de eliminar de una vez por todas del diccionario de la lengua española el término «politiquerí­a», práctica que por enésima vez no dio el resultado esperado para burlar la voluntad popular, aunque nunca faltará más de algún obcecado que, como Efraí­n Rí­os Montt, también recibió en Guatemala a la hora de llegar a las urnas similar respuesta de quien él llamaba SU pueblo. Claro, falta todaví­a ver qué van a decir los fans del presidente venezolano y las organizaciones que representan a gobiernos tí­teres y no a los pueblos que, realmente con espí­ritu democrático desean que se respete plenamente su soberaní­a.