La comisaria europea de Agricultura, Marian Fischer Boel, dijo hoy en Ginebra que la Unión Europea (UE) llegó a un acuerdo con los países ACP (Africa, Caribe y Pacífico) en torno a su compromiso para poner fin a la guerra del banano con los exportadores latinoamericanos.
En declaraciones al margen de la ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC), Fischer Boel afirmó que espera solo ahora el compromiso de Estados Unidos, también involucrado en el tema por sus empresas exportadoras de banano implantadas en América Latina, para cerrar el tema.
El acuerdo podría ser anunciado hacia finales de la semana, agregó Fischer Boel.
«Tenemos ahora un acuerdo con los latinoamericanos y los ACP. Necesitamos también a los norteamericanos», dijo la saliente comisaria europea.
«Soy bastante optimista de que seremos capaces de terminar muy pronto. Podemos tener el texto listo antes del final de esta semana», agregó.
Los ACP (ex colonias europeas) reiteraron el martes en Ginebra sus reservas sobre el principio de acuerdo entre la UE y los exportadores latinoamericanos del banano para reducir los aranceles de importación comunitarios de 176 a 114 euros la tonelada en forma escalonada hasta 2017, lo que pondría fin a un conflicto que agita la OMC desde 1993.
El diferendo enfrenta a la UE y a los productores latinoamericanos de banano que se benefician de la cláusula de la Nación Más Favorecidas (NMF), a saber Ecuador, Brasil, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Perú y Venezuela.
Para conformar a los ACP, la Comisión Europea les acordaría una ayuda al desarrollo suplementaria de 200 millones de euros (300 millones de dólares), diez millones más que lo ofrecido en un principio, según una fuente europea.
En cuanto a Estados Unidos, Fischer Boel afirmó que estaba muy satisfecha con el «fuerte compromiso» del representante estadounidense de Comercio, Ron Kirk, quien aseguró que «quería ayudar como pudiese para finalizar la disputa del banano».
En ese sentido, la fuente europea consultada indicó que la UE se mantenía «prudente» a la espera de un pronunciamiento claro de la parte de Washington.