Impuestos onerosos y absurdos


Sin conocerlo, creí­ que el Ministro de Finanzas era un profesional ad hoc para el cargo que ocupa actualmente y dentro de lo poco rescatable que hay en el gabinete de Colom, creí­ que Fuentes Knight era uno de ellos. Pero una vez más, me equivoqué.

Héctor Luna Troccoli

Al observar las propuestas de lo que ellos denominan «reforma fiscal», se hace evidente la falta de imaginación fiscal y tributaria del ministro y sus numerosí­simos asesores, así­ como el desmedido interés de este gobierno de proteger a los que tienen más y joder a los que tienen menos, especialmente a la clase media y baja de este paí­s.

El Gobierno ha articulado una serie de medidas, todaví­a más torpes que la misma propuesta de impuestos, al movilizar a los «maestros» del millonario Joviel Acevedo, a los trabajadores de salud y otros entes gubernamentales para pedir «aumento de SU presupuesto para aumentarse SUS salarios,» lo que obliga a llevar a cabo esa cosa llamada reforma fiscal que consiste básicamente en el aumento de la retención del 5% que se hace al Impuesto sobre la renta, para elevarla al 6%; aumentarle el porcentaje al mal llamado impuesto de solidaridad; aumentarle el mil por ciento al papel de protocolo que sólo usan los notarios; aumentarle el 100 por ciento al valor de los timbres fiscales que casi ya no se utilizan desde que Rí­os Montt puso el IVA y finalmente que se paguen quince centavos por cada minuto que cualquier persona habla por medio de su teléfono celular.

En cuanto al ISR ese aumento es una ficción por cuanto esta retención que se aplica trimestralmente, después se aplica al pago total del impuesto sobre la renta, además de ser una magní­fica oportunidad para que comerciantes de todo tipo, le aumenten el precio a sus productos o servicios con lo que friegan a los que tienen que adquirirlos, cosa igual, aunque con mayor impacto ocurre con el ISO que será trasladado al consumidor; los timbres fiscales y el papel de protocolo son de bajo rendimiento fiscal por una parte, y por la otra, si se aplica para elaborar una escritura a alguien que compró un terreno o una casa en las áreas marginales de cualquier ciudad que por lo general será un trabajador de clase media, debido al aumento exorbitante que han tenido las propiedades, será el más perjudicado y por lo tanto verá alejarse aún más su deseo de tener casa propia.

El colmo de los colmos es el impuesto a la telefoní­a celular porque si bien un 10 por ciento o menos, de las personas que utilizan los 320 millones de minutos de tiempo al año, pueden costear esa suma que será pagada por el consumidor, hay al menos un 90 por ciento de gente de escasos recursos que tiene un celular cuyo valor oscila entre Q100 y Q175 (los llamados frijolitos) y que tienen que comprar tarjetas que en el futuro tendrán un valor mayor.

Los que se friegan con esto no son los «ricos», sino gente que usted ve en la calle o en su propia casa hablando por estos celulares de bajo costo como albañiles (cosa que observo todos los dí­as a las 16 horas, cuando salen de sus trabajos), empleadas domésticas, obreros, pilotos, personal que trabaja en el comercio, campesinos, etcétera. Desde luego, los extorsionistas que utilizan teléfonos más sofisticados no tendrán problema alguno en pagar eso y más.

Teniendo lleno de tecnócratas al Ministerio de Finanzas porque no se piensa con la cabeza, en donde se supone todos tenemos un cerebro, y se implementan impuestos directos a quienes realmente pueden pagarlos como por ejemplo:

1- Que las minas que explotan NUESTRO SUELO, paguen de regalí­as al gobierno un 20 por ciento y no el uno por ciento que tienen ahora, con lo cual  fácilmente tendrí­an en sus manos Q1,200 millones.

2- Un aumento porcentual y variable a artí­culos suntuarios como automóviles que cuesten de Q125,000 para arriba, yates, lanchas, motos de agua, aviones, etcétera, que increí­blemente hay una buena cantidad de millonarios chapines que tienen varios de estos artí­culos. El gobierno podrí­a recaudar hasta Q100 millones.

3- Aumento a joyas, relojes originales y lujosos junto con otras minucias como ropa de marca legí­timas, carteras, billeteras, etc.

4- Aumento a la gasolina para aviones, ya que muchos de los jets de compañí­as internacionales vienen a llenar aquí­ sus «tanques» porque es más barata que en otros paí­ses.

5- Establecer pagos adicionales por «gastos administrativos», para todos aquellos que participen en licitaciones de obras de más de Q5 millones, así­ como los que quieran explorar y aún más, explotar, cualquier producto de nuestro subsuelo.

6- Que los bancos, cuyas utilidades de este año son cuantiosas, paguen un impuesto adicional sobre esas utilidades que logran con el pisto que los depositantes les llevan y luego los transforman en créditos leoninos; y que también lucran con las transferencias de pisto, con el tipo de cambio y por miles de cosas más en donde prestan sus servicios.

Sé que este «gobierno de los pobres» no se anima a tocar a estos dueños del paí­s, pero entonces que no jodan con trabar a las clases más desprotegidas. Al fin y al cabo ya la deuda que debemos (valga la redundancia), tanto interna como externa y que tendrán que pagar las futuras generaciones es apenas de SETENTA Y UN MIL MILLONES DE QUETZALES, sin incluir intereses. ¿Qué tal?…