Hace ya algún tiempo, no muy lejano, los mandamases de Cuba y de Venezuela se lanzaron a una aventura de conquista político-ideológica de países latinoamericanos y caribeños con la pretensión de engancharlos en un socialismo con el evidente propósito de implantar regímenes de tipo totalitario, liberticida, como el que otrora fue impuesto a sangre y fuego en la vieja Rusia.
Fidel Castro no las pudo con los movimientos guerrilleros en varios países del Istmo. Sólo provocó muerte y destrucción al entrenar y armar a los remicheros. Los saldos sangrientos, macabros, fueron de horror. Ahora, desde hace «buen rato», cambió sus estrategias y es secundado por sus peones que dicen ser sus hijos ideológicos…
Guatemala, afortunadamente, no ha caído en la red, pero los lobos rampantes podrán estar tratando de implantar en este jirón de la patria centroamericana el susodicho sistema socialista, dizque «socialista del siglo XXI»…
Quienes nos gobiernan actualmente y los que puedan hacerlo en lo venidero deben permanecer atentos a las pretensiones al respecto para cambiar el statu quo democrático entendido en sus quintaesencias.
Ya Ecuador, Bolivia y Nicaragua están en el aro de ese «socialismo» que los timoneles dictatoriales de la región quieren extender para que surja un orden de cosas similar al que impera en la Cuba de la monarquía de los Castro y en la belicosa Venezuela, donde se ha impuesto, al menos hasta hoy, el golpista Hugo Chávez para mangonear en la diuturnidad como el castrismo.
Argentina y Brasil están como «sin querer queriendo» socializar esos espaciosos patios sureños a voluntad y gusto de Chávez, pero ambos (países) tienen gobernantes sensatos, cautelosos y, según parece, son hasta cierto punto de alguna pasta de estadistas, especialmente el brasileño que, se supone, no querrá ir a remolque del histérico militronche venezolano…
Hugo Chávez ha tratado (o está tratando), a lo chantajista, de enchufar en «su» aparato «socialista del siglo XXI» a Costa Rica, a El Salvador, a Honduras, incluso a nuestro país, si claudican a causa de concesiones inherentes al «excremento del diablo»; es decir, del petróleo.
¡Ah, y como para materializar sus intenciones, como en desatentada carrera despacha, recurriendo a los dineros de un pueblo aguantador e inerme, fardos de «ayuda» para los damnificados por desastrosos fenómenos de la Naturaleza! Eso tiene tufo de propaganda del «socialismo chavista».
Quiso el nazifascistoide sudamericano meterse en «honduras» (en nuestra hermana República de Honduras) para derrocar al gobierno provisorio de Micheletti, pero salió por las pistoleras y se dio de trompas y narices contra un «bastión»; en todo un bastión cívico-militar catracho que ni la ONU, ni la decadente OEA «las pudieron»; ese «baluarte» ha sido inexpugnable, tanto es así que ha logrado imponerse contra viento y marea, al punto que Mel Zelaya se ha quedado lloriqueando en la embajada de Brasil, dando la apariencia de que se ha ido en plena bajada?
Quienes empuñan riendas de mando en Chile, en Perú, en Colombia, en Costa Rica, aun en El Salvador -a pesar de los pesares-, en México, en las Hibueras, en Guatemala y en algunos otros estados indoamericanos y del Caribe, piensan y repiensan ir a remolque de los neosocialistas de molde soviético. ¡No querrán hundirse en un tremedal cundido de cocodrilos!!!?
Nos interesa, al influjo del civismo, sobre todo de nacionalismo bien entendido, que los gobernantes guatemaltecos honren a Guatemala con obra y acciones, en general, de inconfundible sello patriótico. Deben pensar y actuar para enaltecer a este sacro suelo centroamericano con realizaciones positivas, consonantes con nuestra idiosincrasia, con nuestras características, sin soslayar nuestras legítimas aspiraciones.
Deben dejarse al margen, por completo al margen, las influencias extrañas, seguros -los gobernantes- de que así y sólo así podrán escribir la historia en el clima de la democracia con todas sus libertades y, también seguros, de que el pueblo los homenajeará con digno y justo reconocimiento.
¡Merecen respeto los bellos colores de nuestro lábaro patrio y de nuestra soberanía, al igual que la (soberanía) de cada uno de los demás países latinoamericanos y caribeños para decir ¡NO, ROTUNDAMENTE NO! a las inadmisibles intromisiones del exterior en los asuntos soberanos, sin salirse ni un ápice de la línea puramente democrática con todos sus preciados atributos de libertades y de justicia social!!!