Mientras recorre el mundo para adquirir recursos naturales, especialmente en el sector energético, China ejerce un estricto control sobre un grupo de metales raros que posee en importantes cantidades y que son utilizados para fabricar desde iPods hasta vehículos eléctricos.
El gigante asiático suministra al menos el 95% de esos metales raros, 17 elementos químicos confidenciales de nombre a veces difíciles de retener, como el tantalio y el galio, esenciales en la alta tecnología y los productos ecológicos de nueva generación.
Una de las características de estos minerales es que sus componentes son difíciles de separar.
China, que los explota, reconoce desde hace mucho tiempo su valor: el ex dirigente chino Deng Xiaoping había subrayado un día que si Oriente Medio era rico en petróleo, China tenía sus «metales raros».
Y como la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) con el oro negro, China controla en forma estricta el flujo de esos recursos.
«Su objetivo es crear empleos y producir bienes en China», estimó el analista independiente especializado en el tema en Estados Unidos, Jack Lifton.
«Es necesario que comencemos a producir esos metales (en EEUU), como lo hacíamos antes. En caso contrario, China será el único país que fabrique objetos que contengan metales raros en 2015», agregó.
Una sola mina situada en el norte de China genera hoy en día la mitad de la producción mundial. El resto proviene del sur de China, Brasil, Rusia e India.
En el marco de su política en el área, China guarda la mayor parte de sus tesoros, restringiendo su exportación.
Esas restricciones aumentaron en los últimos años. Los metales raros se han convertido en un medio de atraer a las empresas extranjeras, factor de creación de empleos.
«El gobierno espera que las restricciones puedan aportar la transferencia de ciertas tecnologías vinculadas con los metales raros», explicó el economista Ren Xianfang, del instituto IHS Global Insight de Pekín.
«Queda por saber si esta estrategia de recursos a cambio de tecnología va a funcionar», indicó.
Según algunos rumores, el gobierno chino analiza incluso la posibilidad de prohibir la exportación de ciertos elementos y el cierre de minas.
En caso de adoptarse este tipo de reglas, las empresas extranjeras se verían privadas de metales muy utilizados en la alta tecnología, incluyendo el sector militar, y estarían obligadas a fabricar esos productos en China.
«Es un momento crucial», subrayó Dudley Kingsnorth, consultor en el tema basado en Australia.
«Durante próximos años, las cuotas van a reducirse y salvo que haya acceso a recursos fuera de China, cada vez más compañías van a tener que implantarse en ese país para garantizar su suministro», concluyó.