Comercio a cuenta gotas


Dicen no ser contrabandistas, simplemente gente que pasa mercaderí­a de allá para acá y de acá para allá. Gracias a ellos, San José de Pocitos, en el extremo sur de Bolivia y en la lí­nea fronteriza con Argentina, puede vivir de un comercio informal que deja millones de dólares.


Unas 800 personas, un 90% de ellos bolivianos, se dedican al transporte en mano de todo tipo de mercaderí­a: arroz, azúcar, fideos, aceite, vinos o sidras, de origen argentino con enorme cabida en Bolivia, a través de un puente que une al poblado boliviano San José de Pocitos, con el argentino Salvador Mazza.

«No somos contrabandistas como la prensa siempre dice que somos», afirma a la AFP Venancio Ochoa, quien se presenta como «bagallero», y hace la distinción con la pronunciación del «bagayero» rioplatense, que significa… contrabandista.

En esta zona la palabra se usa con el sentido de «transportistas», quienes pueden verse en el puente que une a los dos paí­ses llevando hacia el lado argentino pequeños carritos a ruedas y luego regresando presurosos con todo tipo de mercancí­a.

Son filas y filas de personas que funcionan como en una suerte de molino, entrando y saliendo entre los dos paí­ses decenas de veces, contratados por algún mayorista que comercia entre las dos naciones.

No hay lí­mites para lo que traen en este comercio-hormiga y las autoridades no los molestan. Incluso los bagalleros están asociados y portan un uniforme azul.

La mercaderí­a llega por toneladas en camiones argentinos que son descargados casi en la lí­nea fronteriza. Allí­ los productos son recogidos por los bagayeros, quienes cruzan a paso rápido el puente, hasta depositarlos en otros almacenes en Bolivia. Luego son nuevamente cargados en camiones para ser transportados hasta otras ciudades.

A fin de impedir que el transporte se haga a gran escala o en vehí­culos de alto tonelaje, desde los centros de producción argentinos hasta los poblados bolivianos de consumo, la Asociación de Bagayeros suele amenazar con cortar la neurálgica ruta de comunicación y evita así­ que sus miembros no queden desempleados.

Cada persona tiene un ingreso de entre 50 y 150 bolivianos (7 a 21 dólares) diarios, dependiendo del volumen de actividad comercial, que nadie en la zona pretende o se anima a revelar.

Según la prensa boliviana, el comercio que pasa por el puente supera el millón de dólares a la semana, aunque por el movimiento que se registra a diario es probable que sea más y en temporada navideña, a fin de año, suele multiplicarse.

«Somos gente que vive por un jornal, somos gente pobre que no tiene seguro laboral o de salud», dice Ochoa, que no deja de advertir que en la zona la prensa resulta incómoda.

El sindicato es abiertamente simpatizante del gobernante Movimiento Al Socialismo (MAS), el partido del presidente Evo Morales, quien aspira a su reelección por cinco años en los comicios de diciembre próximo.

Su grado de afinidad es tal que las oficinas de la Asociación de Bagalleros, en el lado boliviano, a unos cuantos metros del puente binacional, llevan la frase «cuartel general del MAS». Además, los bagayeros llevan chalecos azules, el mismo color del partido oficialista.