Donde manda capitán, no manda marinero


Lo más relevante de las informaciones de ayer no fue el papel que jugó el grupo del licenciado López Villatoro, conocido como Rey del Tenis, sino las declaraciones de éste en el sentido de que negoció inicialmente con la señora Gloria Torres quien ha dirigido las operaciones del oficialismo para conformar la Corte Suprema de Justicia y todo el poder judicial. Digo que eso es lo más relevante porque explica por qué el partido de ílvaro Colom, quien apenas a mediados de septiembre usó el estrado de la Asamblea General de Naciones Unidas para elogiar el papel de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala, haya mandado al diablo de manera tan tajante y burda las objeciones demoledoras que el comisionado Carlos Castresana presentó respecto a varios de los abogados electos.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

Y sostengo lo anterior porque el papel del grupo del licenciado López Villatoro ha sido conocido por la población desde hace varios años toda vez que su empeño por ejercer control del sistema de justicia ha sido público y no es nuevo. í‰l mismo acepta que dirige un grupo dentro del colegio de Abogados que mantiene gran influencia en las decisiones de ese conglomerado. Pero cuando repudia las afirmaciones de la CICIG diciendo que al principio sí­ negociaron con la cuñada del Presidente pero que las negociaciones se rompieron porque la señora Torres únicamente pretendí­a que le apoyaran a sus candidatos, varios de los cuales quedaron electos, está mostrando un factor de enorme importancia en la vida polí­tica del paí­s, como lo es la influencia que ejerce la esposa del Presidente.

Si la decisión de imponer a esos candidatos hubiera sido de Colom, posiblemente hubiera dado su brazo a torcer ante la presión de los grupos sociales y, sobre todo, de la CICIG y la comunidad internacional que se ha mostrado firme en el rechazo a la forma en que se hizo la elección y a la designación de varios profesionales de cuya honorabilidad no se confí­a. Pero como bien reza el dicho: «Donde manda capitán no manda marinero» y por ello es la actitud inflexible que se observa especialmente en el oficialismo, que está dispuesto a correr con la factura polí­tica que le significa abanderar la posición de desafí­o a la sociedad y a la comunidad internacional.

Dicen personas allegadas al gobierno que para la UNE es un pulso con el sector empresarial, pero en este caso están recurriendo a una falacia para encubrir sus verdaderas intenciones que son servir a los poderes ocultos que conforman esos grupos clandestinos enquistados en la raí­z misma de las estructuras del Estado. Aquí­ no hay pulso con nadie más que con quienes quieren combatir la impunidad y los campos están definidos. Sin impunidad y complicidad de esos poderes tenebrosos no hay corrupción en la magnitud que se maneja en Guatemala.

Por ello es que la definición de los campos es precisa. Por un lado quienes no de hoy sino de siempre han tenido profundos y estrechos ví­nculos con el crimen organizado en esas estructuras paralelas y clandestinas de poder, y por la otra quienes han hecho de la lucha contra la impunidad una causa de fe y devoción para construir una Guatemala distinta.