Preocupación por el neocolonialismo chino


Vista parcial de la Gran Muralla China, sí­mbolo de su etapa imperial. Actualmente, el gigante asiático nuevamente busca ser potencia mundial y se ha embarcado en proyectos para invertir en ífrica. FOTO LA HORA: ARCHIVO

El desembarco de China en ífrica en los últimos años, recibido primero con entusiasmo, comienza a suscitar inquietudes entre los africanos, e incluso algunos expertos ya hablan del riesgo de un «colonialismo a la china».


«Hay que evitar que ífrica salga de un neocolonialismo para caer en el neocolonialismo chino», declaró en ese sentido el director del departamento de Asuntos Económicos de la Unión Africana (UA), René N»Guetta Kouassi.

Este discurso contrasta con el entusiasmo que habí­a presidido el primer Foro China-ífrica en Pekí­n en 2000, cuando muchos dirigentes africanos vieron el surgimiento de la ayuda china como una forma de diversificar su financiamiento frente a paí­ses occidentales cada vez menos tolerantes ante la corrupción y el déficit democrático.

Ahora, los africanos critican en particular la falta de transferencia tecnológica, la mala calidad de los productos chinos y, sobre todo, el desequilibrio de los intercambios comerciales, ya que lo esencial de las importaciones chinas es el petróleo.

En un reciente informe, el Instituto sudafricano de Asuntos Internacionales, indicó que «la parte de ífrica en los intercambios chinos sigue siendo mí­nima (un 4% en 2008, frente a un 2% en 2002)», pero el comercio bilateral «se ha casi multiplicado por nueve, pasando de 12.300 millones de dólares en 2002 a 107.000 millones en 2008».

«ífrica es ahora el segundo proveedor de petróleo (un 26% en 2007) de China», precisa ese documento.

Sólo los paí­ses africanos productores de petróleo se benefician del desembarco chino: «ífrica Occidental ha registrado de forma constante un balance comercial deficitario con China del orden del 80%», señaló un economista de Bení­n, Guillaume Mumuni.

En lo concerniente a las numerosas obras en construcción en ífrica, «el dinero invertido no va a las economí­as domésticas», lamenta el investigador sudafricano Tsidiso Disenyana. «China lleva sus propios ingenieros y obreros. Deberí­a haber cláusulas que garanticen un cierto nivel de transferencia de tecnologí­a, de formación para los empleados locales», lanzó.

Por su lado, China se defiende indicando que cumplió la mayor parte de sus compromisos del primer Foro con ífrica (anulación de la deuda, duplicación de la ayuda directa, exenciones aduaneras), como explicó el embajador chino en la UA, Gu Xiaojie. «Respetamos la soberaní­a de los paí­ses africanos para elegir su modo de desarrollo y nunca intervenimos en los asuntos internos, así­ como tampoco vinculamos la polí­tica con la ayuda a los gobiernos», agregó Gu.

Sin embargo, estos argumentos seductores no terminan de tranquilizar a los africanos. «Que China vaya adonde se encuentran los recursos que necesita es algo normal. Pero vemos un entusiasmo un poco plácido frente a la sed china en materias primas, olvidando que esos recursos no son inagotables», se lamentó el economista Guillaume Mumuni. «Los africanos debemos salir de ese tipo de sueño de una potencia, sólo benévola, que viene a buscarnos por nuestra belleza. Hoy se habla de China, pero mañana serán India o Brasil que llevarán a cabo ofensivas en ífrica según el mismo esquema», concluyó.