Mamar y beber leche es común entre los más aprovechados, pero hay otros que además de sacarle raja a todo, tienen el tupé de ponerse a lloriquear, presentándose como víctimas. Eso ocurrió ahora con el abogado José Quesada, quien tras recibir la jugosa jubilación al terminar su periodo en la Corte Suprema de Justicia pasó a ser magistrado suplente de la Corte de Constitucionalidad y al comentar el reatazo que le tiraron por ser de los abogados que usan su influencia en el ejercicio de la profesión, dijo que a él, por el contrario, ser suplente le afecta porque ha tenido que dejar de llevar casos para evitar conflictos de interés.
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¡Mamolas!, puede decirse, porque si algunos no tienen derecho a llorar son los que maman y beben leche y casos así abundan en nuestro medio, no únicamente en el foro, sino prácticamente en cualquier oficio porque el mundo es presa de los que le saben sacar provecho a las distintas situaciones. Antaño el prestigio y valía de las personas era consecuencia de su verticalidad y honestidad, de donde viene el ya desprestigiado dicho de la reconocida honorabilidad. Ahora la gente vale y se posiciona por el tamaño de su billetera sin que nadie repare en el origen de las fortunas, porque si algo se ha ido afianzando cada vez más es la vieja frase de que poderoso caballero es don dinero.
Las viejas vacas sagradas que fueron durante muchísimos años objeto de reconocimiento y respeto de la ciudadanía, se ganaron a pulso su prestigio por actuar siempre con apego a principios éticos y por su talento y capacidad. En cambio, actualmente se acepta en la sociedad a cualquier caradura porque cayeron en desuso los antiguos valores. Yo recuerdo aun cuando uno sentía verdadero orgullo de recibir clases en la vieja Facultad de Derecho con profesores como Feliciano Fuentes Alvarado, Rolando Torres Moss, Alfredo Bonatti Lazzari, Guillermo Monzón Paz, para no citar sino unos pocos, sentía orgullo de estar en esas aulas universitarias adquiriendo conocimientos de quienes, además, eran ejemplo para la juventud por su entereza en el más amplio sentido de la palabra. No puede uno pretender que todas las generaciones tengan la misma suerte de tener tal tipo de enseñanza, pero lo que sí preocupa es la forma en que se ha dejado la enseñanza superior en manos de quienes se convierten en maestros de la manipulación y cuyo único ejemplo puede ser cabalmente esa forma de aprovechar las circunstancias para llevar agua descaradamente a sus molinos.
Yo recuerdo claramente la forma en que Quesada defendió su decisión de embolsarse la indemnización y las llamadas telefónicas que me hizo para explicar por qué lo había hecho. Nada de lo que dijo me convenció y se lo hice ver, pero es obvio que siempre encuentra razones para salirse con su gusto, para lograr su cometido. Y lo compruebo ahora cuando en vez de callar por decoro ante el señalamiento que se hizo a los abogados que usan las suplencias para ejercer con ventaja, sale y se queja. Si tanto daño le causa ser suplente, que renuncie y deje de lloriquear porque la verdad es que molesta esa actitud de mamar, beber leche y encima ponerse a lloriquear.