Bullying (II de II)


Raymond J. Wennier

Terminamos la semana pasada, hablando del «bullying» ejercido por maestros y alumnos. Iniciamos hoy diciendo que también en la familia se dan estos casos. La familia ve y aprende de la sociedad en que vive; se ha vuelto más crí­tica de lo que hacen sus miembros y a veces resulta que los padres se burlan de sus hijos y en muchos casos los humillan (vea en los centros comerciales), la violencia emocional y la fí­sica están a la orden del dí­a. Después de tanto ver y vivir la violencia, ejercerla se ve como un proceder normal. Muchos «sacan» la frustración de tener que demostrar que «son fuertes» y lo hacen en los más débiles: Los miembros de la familia. Recordemos que «bullying» es el dominio de una persona sobre otra o de un grupo sobre otro sin caer en la ilegalidad como hacen las maras, por ejemplo. La mayor parte de nuestra consideración sobre «bullying» tiene que ser relacionada a las escuelas o colegios en Guatemala, por consiguiente, las personas más importantes en esta ecuación, son en primer lugar los mismos alumnos como sujetos de «bullying» y los directores y maestros en segundo lugar. Directores y maestros tienen que estar alertas al cambio de ánimo y comportamiento de los alumnos; por eso es de suma importancia conocer bien a sus alumnos. Maestros y catedráticos con horario parcial, tienen que hacer un esfuerzo mayor en este sentido. El «clima» en la escuela o colegio está de repente, reflejando lo que está pasando en la sociedad y hay algunas personas que están tratando de demostrar que ellos pueden dominar a otras por medio de «bullying». Si un alumno, sin causa previa, de repente empieza a fallar en su autoestima y en su autoseguridad, en el aula, en su trabajo académico en clase y en casa, si sus compañeros empiezan a excluirlo de sus actividades por alguna razón y si el alumno demuestra frustración y enojo interno además de resentimiento hacia sus compañeros de clase, es hora que el maestro actúe con firmeza para hablar con el alumno y averiguar qué está pasando. Tiene que hablar con otros alumnos y con los padres de familia, antes que el alumno se torne agresivo para poder sobrevivir en ese «clima» escolar. Insisto, es obligación de la escuela o del colegio, proveer lo que llamo FORMACIí“N PERSONAL. Es aquí­ donde ese tópico -«bullying»- y las habilidades de comportamiento social y la inteligencia emocional deben ser trabajadas como una respuesta y debe ser parte integral a todo nivel escolar. Directores y maestros tienen que ser estudiosos de este tema «nuevo», que está sucediendo más cada dí­a en los establecimientos escolares y estar preparados para reconocer y atender las situaciones cuando se les presenten. No pueden permitir que se prolonguen y propaguen para perjudicar a los niños y a los jóvenes a tal punto, que uno sólo de ellos llegue a tal desesperación de no saber qué hacer, que prefiera SUICIDARSE porque nadie le creyó y nadie le extendió la mano. Las personas que se creen suficientemente fuertes para ejercer «bullying» a otros, lo hacen por medio de un comportamiento consciente, dirigido, repetido a una persona que saben tendrá mucha dificultad en defenderse. El «bully» tiene y ejercita un poder no apropiado sobre su ví­ctima y por lo tanto siempre regresa para agredirlo de nuevo o para exigirle algo. Es muy posible que la ví­ctima ni siquiera trate de aprender nuevas habilidades sociales para salir de este cí­rculo vicioso. De nuevo regreso a la intervención del director y de los maestros, el modelo que ellos dan en el aula, en los corredores y en los patios durante el recreo, además de la observación constante. Sí­, el papel de ellos no es solamente entrar a un aula, dar una clase y salir. Si se sabe que los tipos de «bullying» son fí­sico, verbal y emocional, hay que estar atento y ver señales tempranas de ellos. El primero no es tan difí­cil, se puede ver si constantemente una persona está pegándole a otra o le está quitando su refacción. El segundo por el estilo, si lo está insultando constantemente con comentarios feos o llamándole nombres ofensivos. El tercero es más difí­cil de observar; lo emocional lo va a esconder la ví­ctima y lo va a negar rápidamente. Este tipo de ofensa llega más a la raí­z y duele más profundamente. Aquí­, hoy dí­a, es donde el ofendido corre riesgos de otra í­ndole como el consumo de drogas para ser parte del grupo y poder ser incluido como parte de éste, luego de haber sido «excluido». Ante las historias que «riegan» sobre una persona en internet, no hay desquite que valga. No importa la forma, el «bullying» es para demostrar que el «bully» tiene dominio sobre el individuo o un grupo sobre otro. Directores y maestros no deben simplemente decir al alumno, «crece», «madura», «aguanta», «es parte de la adolescencia»; ellos deben trabajar con los dos, con el «bully» y con la ví­ctima. Ojalá cada establecimiento escolar tenga como parte de su personal un psicólogo educativo. www.rayeduca.info