De todos modos ya lo sabí­an


DESDE LA REDACCIí“N

Los polí­ticos tienen la capacidad de decepcionarnos. Quizá dentro de ellos existan buenas intenciones, pero de buenas intenciones no arma la estructura de cambio que urge para el paí­s. Salen, a cada rato, sonrientes y seguros que se han convertido en el paladí­n de la justicia. ¡Recórcholis! Tanto tiempo de escuchar los mismos discursos para que al final cada quien se salga con las suyas y se arrodille ante quien patrocina su espacio en el escenario polí­tico.


Ese contexto puede dibujar cómo se configura-desconfigura la elección de quienes integrarán el cuerpo de magistrados para la Corte Suprema de Justicia y la Sala de Apelaciones. Una semana entre puja y repuja por asegurarse la forma para lavarse las manos en una elección en donde no hace falta ser minuciosamente astuto para entender que el veredicto ya está dado.

De nada sirvieron los esfuerzos para intentar cambiar la estructura corroí­da lenta e impunemente. De nada sirvió tanta presión para establecer un mecanismo más o menos ideal en que se dejara afuera las mezquinas intenciones de ese espectro oscuro que parece dirigir el destino de la nación a su sabor y antojo. De nada sirvió porque al final hubo marcha atrás.

Vale la pena preguntarse a esta altura, ¿cómo encontrar el camino para garantizar un mecanismo de transparencia dominado por un auténtico interés para salir del fango de la impunidad? Quién sabe. Lo cierto es que mientras no se impulse un proyecto liderado por una sólida representación ciudadana el caos continuará campante en todos los sectores del paí­s.

El jueves último, por ejemplo, bastó una abarrotada muestra de apoyo porque los votos sean secretos y se oculte quién beberá el cáliz de la responsabilidad al colocar en la palestra los nombres que ya se están barajando y que desde hace meses sonaban para ocupar escaños en las magistraturas. Ayer, de igual modo, los integrantes de la postuladora para elegir a candidatos a magistrados de Apelaciones se enfrascaron en una discusión sobre la calificación que deberí­a tener la ética y la formación académica.

Argumentos que al final son insuficientes para justificar el voto para cada profesional en juego. En la discusión, algunos de los participantes manifestaban apoyo a que el punteo esté dominado por la ética profesional, contrario a quienes apoyaban el criterio de la formación académica. El resultado fue que el acuerdo se retrasará para la siguiente semana.

Algo que no ha cabido en la mente de los responsables para elegir entre tanto expediente, es que una integración honesta y transparente se convertirí­a en un paso firme, lento pero firme, en un camino para romper las cadenas de la impunidad. Y es que siendo el Organismo Judicial el administrador de la justicia nacional y por donde pesa el mayor porcentaje de impunidad, una administración justa pondrí­a en debate la responsabilidad por emitir sanciones apegadas a derecho.

Pero no. Ya se dejan ver los ánimos poco alentadores para que veamos, aunque sea, una luz al final del túnel.

Y así­ sucederá, sin duda, en todos los escenarios en que las comisiones de postulación se pongan en marcha.

POR ESWIN QUIí‘í“NEZ

eswinq@lahora.com.gt