Los herederos reales de Juan Calvino


Unas niñas holandesas visten el tradicional vestido ortodoxo calvinista, luego de un espectáculo en Staphorst, ciudad que queda a 90 minutos de la radicalmente contraria Amsterdam, de espí­ritu más liberal. FOTO LA HORA: ANOEK DE GROOT

En Staphorst, corazón del «Cinturón bí­blico» holandés, la gente vive según los preceptos de la ortodoxia protestante, las mujeres no usan pantalones, blasfemar está prohibido y la televisión desterrada.


Unas mujeres de la población de Staphorst, donde está prohibido que las mujeres utilicen pantalones, y donde la televisión es considerada demoní­aca. FOTO LA HORA: AFP ANOEK DE GROOTElizabeth Muschker, una niña de la ortodoxia calvinista. FOTO LA HORA: AFP ANOEK DE GROOT

«Los habitantes se ven como los verdaderos herederos de Juan Calvino», el teólogo protestante francés nacido hace 500 años, explica Jan de Wolde, un historiador octogenario, residente de Satphorst desde hace 54 años.

En esta ciudad de 16 mil habitantes considerada como la más conservadora de Holanda, situada a un centenar de kilómetros al este de Amsterdam, «se considera que el resto del mundo es impí­o», agrega.

Un decreto municipal prohibió la blasfemia, sin castigarla, y según cifras del proveedor de televisión por cable Ziggo, el 80% de los hogares no tiene televisión, que se considera como el diablo.

Las mujeres que usan pantalones, «una vestimenta de hombre, no bí­blica», según Wolde, son raras.

El domingo en Staphorst los autobuses no circulan. Los negocios y la piscina municipal están cerrados. Pero la calles que llevan a los cinco templos de la ciudad están repletas de gente. Para asistir al culto, las mujeres tienen que cubrirse la cabeza.

«Todo está cerrado el domingo, salvo la iglesia. Es imposible vivir aquí­, asfixiante», asegura Vic van Vuuren, un estudiante de 19 años que se proclama ateo y que está ansioso de abandonar su ciudad natal.

Staphorst tiene una de las tasas de natalidad más elevadas de Europa y una las tasas de divorcios más baja de Holanda (39 por 1.000 habitantes).

Aproximadamente mil mujeres usan todaví­a las vestimentas tradicionales que le valieron el sobrenombre de «Zwarte kousen» (medias negras) a los calvinistas del «Cinturón bí­blico» holandés, que atraviesa el paí­s en diagonal del suroeste al noreste.

«Desde el exterior, todo puede parecer medieval», reconoce una habitante de 66 años que usa una pollera negra recubierta con un delantal, un chal, una cofia y las famosas medias negras tejidas a mano.

La eutanasia, la legalización de la prostitución, el aborto y el casamiento homosexual, que hacen de Holanda un laboratorio del liberalismo social, son tabú en este lugar.

Como toda ciudad, Staphorst tiene «sus extremistas», agrega, «pero la gente que vive aquí­ es en su mayorí­a tolerante con el otro y es reconfortante vivir en una comunidad tan unida».

«Uso falda porque así­ me siento bien», afirma Ventje Veijer. Esta joven de 21 años nunca visitó Amsterdam, con su famoso «Barrio rojo» y sus «coffee shops», donde se vende marihuana, «porque allá tienen valores diferentes».

El Consejo Municipal de Staphorst está dominado por el partido protestante SGP, que prohibió a las mujeres los mandatos electivos, y el periódico más leí­do es el Het Reformatorisch Dagblad (el Periódico reformista), que no tiene páginas deportivas, pero publica numerosas noticias parroquiales.

Durante la guerra de 80 años entre España y Holanda, que terminó en 1648, el gobierno holandés «utilizaba la fuerza para promover el protestantismo como una barrera contra los españoles católicos que invadí­an el sur», recuerda la historiadora Mirjam van Veen.

El «Cinturón bí­blico» de hoy está situado, de hecho, «en la lí­nea de frente» de la época, agrega.

A pesar de todo, «el tiempo no se detuvo en Staphorst», asegura Jan de Wolde.

Cada vez más habitantes tienen internet en sus hogares. En los años 1970, la mitad rehusaba vacunarse, estimando que hacerlo era interferir con la voluntad del Señor. Hoy sólo el 20% lo sigue pensando, subraya.