¿Y el pueblo qué?


Por trastornos de salud, que por lo regular nos da un poco más de tiempo en la relativa tranquilidad forzada para leer, ver u oí­r noticias y comentarios, pude analizar lo dicho por un Ministro de Salud y sus colaboradores tratando de menospreciar la importancia del dengue, de los padecimientos que por enfermedades respiratorias padece la población o por la ausencia de equipos, materiales o medicinas en centros o unidades hospitalarias del paí­s. Podrán decirme que lo anterior es un caso aislado o particular en cualquier dependencia del Estado, pero no, triste y lamentable es decir que es el común denominador en nuestro diario vivir, porque nuestros polí­ticos han adoptado la postura de hacer planes de campañas electorales exitosas pero, el plan de gobierno por lo regular lo dejan tirado en el camino, así­ como las correspondientes estrategias para llevarlos a la práctica.

Francisco Cáceres Barrios

Así­ es como aparece frente a las cámaras un funcionario del ramo de comunicaciones diciendo que por falta de fondos no se ha podido pagar a los proveedores para terminar de reparar un tramo carretero, otro, del ramo de la Educación, se hace los quesos para excusarse por no haber pagado a los maestros desde el mes de enero pasado, como al de Agricultura, de Gobernación y de tantos más que siguen sin tener argumentos válidos para desvirtuar su rotundo fracaso, a pesar que el gobierno de Colom lleva más de año y medio de haberse instaurado. ¿Y el pueblo? Estas son las horas que sigue sentado a la vera del largo camino, esperando a que San Juan baje el dedo para apreciar al menos unos pocos buenos resultados.

Y seguramente todo lo anterior va a seguir pasando, porque elegimos a «bomberos» para dirigir los destinos del paí­s y no a polí­ticos de carrera o a verdaderos estadistas. No es que menosprecie la loable profesión de quienes desempeñan tan brillante papel en nuestra sociedad, sino que es oportuno ratificar que de seguir en las mismas, va a llegar el momento en que el paí­s por fructí­fero que sea, se derrumbe polí­tica, económica o socialmente en cualquier momento. Y es que a nadie escapa que «ya se escuchan los claros clarines» de prospectos que sin la preparación y formación suficiente aspiran al solio presidencial. ¿Y es que nada bueno puede esperar el pueblo ante tales expectativas? Así­ es, nada distinto de lo que hasta ahora ha venido sucediendo, pues se siguen sustituyendo los planes de trabajo consciente y profundamente elaborados sobre nuestra realidad nacional, por instrumentos distractores, politiqueros y populistas, que muy bien podrán servir de temporales tácticas distractoras, pero que no resuelven a fondo ninguno de nuestros problemas y carencias. Es tiempo entonces de advertir a nuestros polí­ticos para comprender el verdadero significado de aquel famoso refrán que dice: «no hay mal que dure cien años ni pueblo que los aguante».