Como dijo alguna vez Winston Churchill, pocas veces el futuro de tantos está en manos de tan pocos. El entonces Primer Ministro británico se refería entonces a los pilotos de la Real Fuerza Aérea que tenían que defenderse de los ataques de la aviación alemana durante la llamada Batalla de Gran Bretaña sobre el aire de Londres y la frase viene a cuento ahora que un puñado de abogados, miembros de dos comisiones de postulación para proponer magistrados de la Corte Suprema de Justicia y de Salas de Apelaciones, deberán tomar decisiones que afectarán la vida del resto de guatemaltecos.
Porque indudablemente que el problema más grave que afecta a la sociedad es la debilidad institucional en el sistema de justicia que se traduce en impunidad y por ello la conformación de una Corte idónea y de Salas de Apelaciones con abogados no sólo competentes sino honestos y patriotas, es una necesidad que terminó en manos de esos pocos.
En aquellos aciagos días de guerra, cuando los aviones de la Luftwaffe machacaban la capital inglesa, esos pocos en quienes tanto confió Churchill cumplieron a cabalidad con su misión y deber histórico y ahora ojalá que en Guatemala a quienes les ha correspondido integrar en momentos cruciales para el futuro de la institucionalidad de nuestra justicia las comisiones de postulación, sepan entender la enorme dimensión histórica de su responsabilidad y se puedan sacudir de las presiones que están proliferando para mantener un sistema que ha colapsado y que clama por un relevo que le permita oxigenarse y crear el espacio de la verdadera justicia.
Los ciudadanos tendremos que estar vigilantes porque si se produce una decisión lesiva para el futuro del país, tendremos que pasarle alguna factura a los que traicionaron su misión patriótica y no pudieron cumplir con la alta expectativa. En otras ocasiones se tenía la idea, la sospecha, de que el manoseo de las comisiones terminaba minando la institucionalidad del sistema de justicia, pero ahora no es cuestión de dudas ni de sospechas, sino de la abrumadora experiencia de que vivimos en un país que es paradigma de impunidad y que la viabilidad de nuestro Estado pasa, necesariamente, por el esfuerzo por corregir esas fallas que imposibilitan la aplicación de la ley para sanción de los delincuentes.
Aunque parezca una quijotada y algo absurdo a la luz de los antecedentes, creemos que es necesario apelar al patriotismo de los postuladores para que entiendan que sus nombres pasarán a la historia como los salvadores de un sistema o los finales sepultureros de la justicia en Guatemala. Y ese será el legado que dejarán a sus hijos porque la sociedad deberá escudriñar detenidamente el comportamiento de cada uno.