Un viaje anhelado, que hoy se hace realidad


El dí­a de hoy comparto con los lectores la experiencia cercana que estoy viviendo desde hace algunos años atrás: el final de un proceso para realizar el viaje anhelado a los Estados Unidos de América, con la categorí­a de residentes permanentes, de la hija y nieto de mi esposa.

Fernando Mollinedo
fermo@intelnet.net.gt

Fue un continuo ir y venir para conseguir la documentación que sustenta hoy su estado de residentes en aquel paí­s; pero la paciencia y la esperanza dieron su fruto cuando después de varios años de espera, los familiares que iniciaron el trámite de «petición» lograron cumplir con los requisitos requeridos.

La alegrí­a por el triunfo administrativo y la pena por el inminente viaje de hija y nieto, hicieron cambiar la rutina conocida de la esperanza; se permeó la fortaleza, enjundia y empuje de la familia que en Guatemala alentó a quienes hoy viajan al encuentro de su destino en tierras californianas; la mezcla de satisfacción y angustia por conocer en adelantado su futuro, hizo que la unión familiar se consolidara en una permanente lluvia de consejos y enhorabuenas.

El viaje tan anhelado, se hizo realidad; valió la pena esperar el tiempo necesario para la recolección de datos y requisitos para viajar en condición legal con un estatus oficializado por el Gobierno de los Estados Unidos de América; queda para la hija y nieto de mi esposa, adaptarse a la sociedad cosmopolita de esos lares californianos y aprovechar la oportunidad que Dios les ha proporcionado.

En contraste, vemos con pena el incesante flujo de deportados guatemaltecos que regresan en condiciones psicológicas, económicas y sociales desventajosas a como estaban cuando iniciaron el viaje hacia la gran aventura de conseguir el «sueño americano»; la deportación deja secuelas imborrables, profunda tristeza y sentimientos de frustración por los tratos infamantes recibidos por las autoridades captoras. DEPORTACIí“N: «Trastorno o lesión que queda tras la curación de una enfermedad o un traumatismo, y que es consecuencia de los mismos».

Buscar un mejor futuro económico y social fuera de Guatemala, es la consigna de quienes ya no soportan vivir bajo la angustia y el temor en esta sociedad; es el grito desesperado de quienes ya no soportan la marejada de violencia criminal, común y organizada; la ausencia de trabajos dignos y bien remunerados manifestada en la conducta dominante, indolente, indiferente e insensible del sector económico patronal.

La buena suerte de Mishelle y Maikol, la tenacidad de sus familiares por conseguir el asidero legal, y la fortaleza de la esperanza y aliento de sus familiares en Guatemala, los colocan hoy en el sector privilegiado de viajar hacia un mejor futuro – esperamos que así­ sea – para satisfacción de quienes los queremos y estimamos. OJ ALí.-