Pasar de crí­tico a criticado


Jorge Santos de CIIDH y Sandra Morán del Sector de Mujeres, representan a sus organizaciones en el Colectivo de Organizaciones Sociales (COS), instancia donde activaron varios funcionarios del actual gobierno.

Desde que Guatemala entró en el proceso de consolidación democrática, diversos actores sociales con trayectoria en organizaciones pro derechos humanos, que en su momento fueron crí­ticos férreos de los gobiernos de turno, han ido incrementando su participación en diversas instancias de gobiernos de partidos con ideologí­as contrarias a las que en su momento defendieron.

Ligia Flores
lahora@lahora.com.gt

Durante el gobierno del Frente Republicano Guatemalteco (FRG), encabezado por el presidente Alfonso Portillo, se vio la participación de í‰dgar Gutiérrez como Secretario de Análisis Estratégico y como Canciller; así­ como la incursión de Frank LaRue al frente de la Comisión Presidencial asesora del Ejecutivo en Derechos Humanos (Copredeh), en la administración de í“scar Berger.

Pese a que la participación de ambos se registró en el Ejecutivo, también se recuerda a Pedro Palma Lau, ex militante del Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP), como diputado por el FRG, como una de las más polémicas y cuestionadas.

En la reciente administración, hay varios ex dirigentes o cuadros del movimiento social, que se han visto involucrados en varias instancias del Ejecutivo, al frente de dependencias de la Presidencia de la República o en otros espacios de ese organismo.

Entre los nombres que se pueden listar se encuentra el del ex viceministro de economí­a Carlos Barreda, actual asesor del Presidente; Orlando Blanco, al frente de la Secretarí­a de la Paz; César Dávila, en el Programa Nacional de Resarcimiento, Sonia Escobedo en la Secretarí­a Presidencial de la Mujer y Ruth del Valle, en la Copredeh.

INGENUIDAD POLíTICA

Algunos analistas se han referido a esta situación como una «cooptación» del movimiento social, que implica en cierta medida debilitamiento del mismo y pérdida de credibilidad en los «lí­deres» de tales movimientos.

El politicólogo y catedrático de la Universidad de San Carlos de Guatemala, Roberto Sequén, estima que la decisión de participar de un gobierno encabezado por un partido polí­tico con una ideologí­a distinta a la que les identificó durante su incursión en sociedad civil organizada, es causa de «su ingenuidad polí­tica».

«Hasta que están dentro se dan cuenta de que no se trata sólo de la administración de un gobierno, sino de su involucramiento en un sistema polí­tico instaurado por el bloque hegemónico en el poder», aduce el analista.

Sequén afirma que ese sistema polí­tico «busca cooptar a la ciudadaní­a y a los lí­deres para mediatizarlos y para que las distintas demandas populares se debiliten».

«Creen que al participar en un gobierno van a ser agentes de cambio, pero (…) al estar en esta cooptación, no pueden hacer nada, simplemente participar de diversos paliativos para una sociedad que busca cambios estructurales», aseveró el experto.

CAUDILLISMO Y DíDIVAS

De acuerdo con el analista se generan varias situaciones alrededor de este fenómeno, tanto al interno de las organizaciones sociales, como en la relación que las mismas puedan tener con las instancias de gobierno, administradas por sus antiguos dirigentes.

«En algún momento los movimientos comienzan a sentir la ausencia de los cuadros que se fueron, porque también las organizaciones sociales han generado caudillismos y pueden fallar en sus propósitos», aduce.

Sin embargo, a criterio del analista Jorge Santos, del Centro Internacional de Investigación en Derechos Humanos (CIIDH), -miembro del Colectivo de Organizaciones Sociales (COS)-, existen organizaciones que han consolidado procesos de discusión de carácter horizontal que les permiten continuar con el trabajo que la organización desarrollaba.

«En ese sentido el hecho de que una persona en particular que estuviese en una estructura dirigencial, la abandone, no representa riesgo para la posición que la organización maneja», argumenta.

Sequén es enfático al señalar que «esas personas prefieren aceptar las dádivas del sistema, debido a su proclividad dentro del mismo; y no seguir en una lucha quijotesca».

ESTRATEGIA

Sandra Morán, integrante del Sector de Mujeres, aduce que la participación de algunas dirigentes de las organizaciones que conforman la entidad que representa, es resultado de una estrategia trabajada por largo tiempo, «desde que se comienza la discusión de los Acuerdos de Paz».

Morán afirma que se debe entender que los movimientos sociales tienen sus propias estrategias o momentos de fuerza «o definen sus ausencias a partir de sus propias decisiones polí­ticas; lo que no implica que por estar callados o ausentes, estemos cooptados», adujo.

No obstante, Sequén es escéptico, sobre la continuidad del compromiso en esta nueva participación, «los elementos de crí­tica del pasado comienzan a cambiar por los términos de la discusión y el diálogo, que son elementos mediatizadores», explicó.

«Se trata de cómo se lee la presencia o ausencia de las instancias en determinadas coyunturas; puede ser que se lea su ausencia a partir de que ya no están algunas personas, o a partir de que ya no participan por defender intereses gubernamentales que les callan la boca», indicó.

PERFIL De crí­ticos a funcionarios


í‰dgar Gutiérrez, colaboró en la Oficina de los Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala (ODHAG);

Frank LaRue, inició su participación en la vida social como asesor sindical.

Pedro Palma Lau, ex militante del Ejército Guerrillero de los Pobres, durante el conflicto armado interno;

Carlos Barreda, militó en la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG) y fue dirigente del Colectivo de Organizaciones Sociales (COS);

Orlando Blanco, dirigente del COS;

César Dávila, fue miembro del Consejo Indí­gena de Desarrollo (COINDE);

Sonia Escobedo, participó en el Sector de Mujeres;

Ruth del Valle, integrante del Movimiento de Defensores de Derechos Humanos.