No tiene mucho sentido la polarización que se ha formado en Guatemala respecto al reciente problema político surgido en Honduras. Con ese tipo de dialéctica, los guatemaltecos únicamente sufren desgaste innecesario y el problema en Latinoamérica persiste, manejado por titiriteros que cuelgan sus hilos desde alturas que la mayoría de chapines desconocen, a pesar de la tecnología del Internet.
Los pueblos latinoamericanos han comenzado a tomar conciencia de cuál ha sido su verdadera posición respecto a los países que son conquistadores por naturaleza y en algunos casos, las poblaciones han despertado hacia cuáles son sus obligaciones y sus derechos y se han percatado de que desde épocas ancestrales han tenido derechos sobre la tierra y se han propuesto defender su tierra y las riquezas naturales que ésta contiene. Algunos pueblos latinoamericanos están tomando conciencia de dignidad. Otros aún no.
Por lo que se asevera internacionalmente en muchos medios no capturados por los intereses del capital salvaje, los Estados Unidos de América tienen las manos metidas hasta los codos en el problema de Honduras. La historia reciente nos permite husmear y recordar que Guatemala, en el año de 1954, es uno de los paradigmas más destacados en relación a la intervención y dominación de los Estados Unidos en Latinoamérica.
La actitud ambivalente del presidente Obama desde el inicio de la crisis por el golpe de Estado en Honduras, da la pauta para pensar con bastante seguridad que los Estados Unidos tienen intereses profundos en la salida de Manuel Zelaya, a pesar de que la Comunidad Europea y la mayoría de los países de todos los continentes condenaron tajantemente la acción de la oligarquía hondureña por medio de sus autoridades y el ejército, quien siempre se pliega y se agacha ante las órdenes del imperio.
Los políticos estadounidenses realizaron varias tareas por medio del golpe en Honduras. En principio dieron un fuerte estímulo a la oligarquía hondureña, quienes son los aliados o socios en los «negocios» que destruyen y hambrean a los pueblos latinoamericanos; políticas que los mantienen reprimidos… sosegados y en la total oscuridad.
En segundo lugar, podrían mantener a la salvaguarda a Honduras para que el país no pueda buscar la unificación con los pueblos latinoamericanos del Sur del continente, quienes buscan su verdadera independencia en el futuro del contexto histórico de Latinoamérica. Es decir, escaparse de «La garra».
En tercer lugar, podrían afirmarse por un buen tiempo la seguridad de la explotación de los yacimientos petrolíferos que existen en Honduras y en sus jurisdicciones marinas del Caribe, así como los demás recursos naturales que obviamente existen en Centroamérica a partir de su surgimiento del mar desde edades geológicas.
En cuarto lugar, podrían asegurar con candado sus intereses geopolíticos en la región, razón por la cual mantienen tropas en ese país limítrofe con Guatemala, El Salvador y Nicaragua.
En quinto lugar, enviaron un claro mensaje a las naciones centroamericanas y latinoamericanas en general: «Ya basta de tratar de escapar de nuestra influencia para unirse al emergente movimiento latinoamericano que despunta desde el Sur, porque sus gobiernos y sus recursos naturales nos pertenecen.»
Reitero que el pueblo estadounidense es uno de los pueblos más nobles que conozco, pero sus políticos son exactamente iguales a todos los políticos; unos más y otros menos.